El eterno retorno del juicio estético


El arte y la belleza han crecido con nativo interés de la mano del ser humano, ya primitivo. Desde que se conoce la historia se conoce el interés de nuestra especie por lo bello y lo feo. La prehistoria, todavía antes, proyecta sobre la retina multitud de indicios de expresión artística. Verbigracia, las pinturas rupestres.

¿Qué relación existe entre el arte, la belleza y la filosofía? Una relación total, que nace de antiguo, con el nombre de estética. La estética, como rama de la filosofía, se ocupa de lo bello y del arte. Tenemos testimonios que nos retrotraen a la antigua Grecia, cuando Platón consideraba que uno de los caminos para acceder al verdadero conocimiento y la verdadera existencia era contemplar lo bello. Pero la estética, como estudio sistemático de la belleza natural y artificial, no nacería hasta el siglo XVIII.

 

Hasta hoy, cuando el pasado siglo XX, el siglo posmoderno, rompió con los viejos moldes e inauguraba, de hecho, una nueva era. Con la tecnología como instrumento a favor de la belleza y ésta del dinero, la estética roza en ocasiones la plausibilidad in nuce, de difícil interpretación, que nos convierte en esclavos de la apariencia.

No obstante, nociones como el goce estético, el juicio estético y la misma actitud estética seguirán constituyendo para el ser humano un puente hacia la expresividad que le caracteriza, le fundamenta y le distingue.

A. G. Baumgarten (1714-1762) apadrina la estética como disciplina filosófica, acuñando el término en 1750. Su tratado, Aesthetica es de alto interés. Desde entonces, la experiencia estética se toma como objeto en sí de discusión.

El término estética tiene un origen latino, aestheticus, que significa “sensible, perceptual” y éste uno griego, como era de esperar: aesthesia, “sensación, percepción”.  Lo bello, con un sentido mucho más amplio que el actual, incluía cualidades morales. Lo bello era atractivo, pero podía ser justo y elevado.

Los juicios estéticos, por su parte, son los que relacionan objetos con cualidades estéticas. Juicio posible a través de la experiencia estética personal, no tanto de una deliberación intelectual. He aquí el problema. Si el juicio estético se basa en una sensación personal (subjetiva) habrá de ser por fuerza un juicio de valoración subjetiva.

Dicho argumento ha sido un imponente quebradero de cabeza para los teóricos de la estética. Si los juicios estéticos son subjetivos, no tienen validez universal. El arte, por tanto, no podría convertirse en universal. Y me pregunto, ¿alguien se atrevería a decir que David, de Miguel Ángel, no es bello?

 

Para salir de este lío simbólico en que las palabras me han metido, habría que pasar por definir belleza y arte. La unificación del punto de vista atravesará lanzas agudas como las que siguen:

¿Es el arte siempre artificial o puede ser natural? ¿Ha de ser el arte bello? ¿Es el arte la única experiencia estética? ¿Es lo mismo estética que arte? Arte, estética, belleza… ¿Cómo ordenamos esas ideas?

La estética antigua en la Grecia Clásica, precursora de la moderna estética europea, se prolongó ocho siglos en el tiempo y sentó las bases del conocimiento de las sensaciones. Respondió, a su modo, a las preguntas.

 

Sin embargo, el debate eterno, lo que hace perenne a la filosofía como saber de saberes, nos permite a día de doy, conquistado casi el Sistema Solar, tomar el relevo en un retorno siempre imperfecto y “bello” a tales cuestiones.

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Acerca de Luis Cortés Briñol

Página personal de alguien que dedica una gran parte de su tiempo a observar, leer, escribir y pensar y además considera que algunas de sus inquietudes son lo bastante interesantes como para ser compartidas
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7 respuestas a El eterno retorno del juicio estético

  1. Candela A. dijo:

    Le hablaré de una definición que en una ocasión me dio un amante (del Arte, también…); un gran hombre cuyo libro era Las Ciudades Invisibles, de Calvino… Él era urbanista, un cosmopolita (también político). Cito (descontextualizando):

    ‘Arte es aquello que ”genera”. El Amor ‘completa’. El arte tiene que plantear dudas, abrir nuevos caminos obtusos a nuestra sensibilidad. Cuando ves un cuadro que te apasiona, tienes que quedarte temblando, porque te ha hecho percibir cosas que antes habías percibido. A eso me refiero por ‘generar sensaciones’. El amor es otra cosa. Percibes que necesitas a esa persona para ‘completar’ lo que eres. Ese completarse te abre nuevas dimensiones, pero son dimensiones estáticas más que dinámicas (me da la impresión). Es un ‘llegar y no empezar’… ‘

    ¿Por qué me resulta atractiva esa cita? Porque yo creo que en el artista, en cuanto a creador, confluyen esas dos abstracciones. La abstracto en el Amor, en el Arte ha sido lo evolutivo. Pero hasta el artista primitivo ha tenido que hacer una abstracción (ahora me voy a liar yo) para plasmar la belleza del caballo… Sabría explicarlo pero con más tiempo-meditación… (me permite que me retire en este párrafo, por favor…)

    Luego, creo que el Arte es inseparable del Amor. Y creo que la belleza es el nexo y la resultante… (se lo dejo a modo de esbozo aquí pero sería material a desarrollar en lo que deseo escribir más adelante)

    En mi imaginación tengo a una pintora rupestre… desde hace algo más de un mes… Pero está en la segunda mente (que dice Saramago) y no puedo forzarme a explorar ese ámbito todavía… ni siquiera sé si podré.

    Y es que ando corta, muy corta de tiempo, últimamente. Pero sus escritos, con los que nos ‘desafía’, son inspiradores.

    Gracias.

    ¡Ah! El hombre naranja de Klee (su autorretrato), era lo que convulsionaba a aquel amante… Es arte indudablemente pero él y yo no teníamos el mismo sentido estético; o éste no era exaltado por los mismos ‘motivos’

    ¿Cuál es, en pintura, lo que es capaz de convulsionarlo a usted?

    El David es muy hermoso. De hecho yo me enamoré de un hombre como él (semejantes proporciones), que existía y que por unas horas me amó. Pero no habría sentido nada, si ese hombre no me hubiera convulsionado con su intelecto; cautivada en 45 segundos que duró su aparición.

  2. Me gusta la cita, con la que coincido en parte. Las ciudades invisibles, pese a ser un buen experimento de metanarrativa (firmado por un “meta-autor”), no es lo que más me gusta de Italo.

    El arte, en un sentido “puro”, quizá no sea separable del amor. Sería una vocación (una llamada, pasional, amorosa). Pero no perdamos la perspectiva. ¿Es el arte arte por producirse o arte por contemplarse? En uno u otro caso, desplazamos el eje sujeto-objeto, con las consecuencias tan profundas que conlleva hacerlo. Me encantará leer ese material si algún día lo elabora.

    Paul Klee tiene algunas composiciones muy buenas, junto con otros artistas del Blaue Reiter.

    Sobre mí, qué puedo decirle. Me atrae el arte; me emociona, me conmueve con facilidad. Me aporta entretenimiento, deleite y consuelo. Poder ver nuestras sombras reflejadas en el agua…, y entenderlas como criaturas mestizas entre aquello que queremos ser y lo que siempre fuimos… ¿no es eso lo que nos distingue del resto de especies? Somos la única consciente de su propia muerte, y la única capaz de ritualizar esas consciencias atormentadas con ingenio.

    Es complicado definir qué es lo que a uno le convulsiona. La convulsión es más que la admiración, más que la sorpresa o el deleite, es casi un espasmo. Me han sugerido convulsiones distintos artistas y estilos a lo largo de la vida. Todo varía en función del estado de ánimo, de la psique, de la madurez en todos los aspectos y la receptividad emocional y la salud.

    Algunos de los artistas, muy conocidos, que me han propuesto descargas mentales han sido Magritte, Dalí, Munch, Goya, Vasari, Sisley, Morisot, Le Corbusier o da Vinci. Menos conocidos: Eitoku. La última vez que he sentido una convulsión artística (sensación poco frecuente, me sucede cada mucho tiempo) ha sido con la pintura de Paula Rego, que ahora se puede ver en Madrid y sobre la que espero escribir algo. A todos ellos les agradezco las perturbadoras y sublimes estampas…

    “convulsionado con su intelecto”. Creo que esa es la clave del amor artístico. ¿No tiene todo amor artístico reminiscencias intelectuales? ¿No será nuestro intelecto el gran “convulsionador”, con independencia de los estímulos?

    Acaso será así, cuando las percepciones parecen alucinaciones controladas…

  3. lasalamandra dijo:

    El cuadro de Candela lo pintó Turner. Uno de ellos: ‘Muerte sobre un caballo pálido’

  4. lasalamandra dijo:

    Eso último unido a su última, la cita de Bretón en Nadja.

  5. ¡Me encanta Turner!

    The Garreteer’s Petition, uno mis óleos favoritos. Y uno de los pocos trabajos figurativos del excelente pincel del romanticismo inglés. Significa para mí más que pintura. Si lo conoce, quizá entienda por qué.

    Tiene usted buen gusto, si me lo permite. Muerte sobre un caballo pálido es sobrecogedor. El incipiente impresionismo de sus trazos me produce escalofríos.

  6. lasalamandra dijo:

    Lo conoceré.

  7. Rgg dijo:

    Buenos días.
    Independientemente de las sensaciones que una obra artística pueda producir, a saber: (I) belleza, (II) terror, (III) angustia, (IV) miedo (V) asco, entendemos el arte como una forma de discurso en sí misma, que tiene por meta el progreso intelectual y la comunicación, esto es, ha de (I) comunicar sentimientos universales (II) saber comunicarlos, pues si partimos de la base que usted sustenta al decir que el juicio estético es en su mayor parte, una valoración subjetiva y que por ende, jamás podrá poseer validez universal caeríamos en el error de pensar que los sentimientos universales anteriormente expuestos no poseerían validez universal. Entre ellos el “amor”, apelando a su forma química, producido por la Feniletilamina, al gozar en su forma de un equilibrio de razón y sinrazón, de la misma forma las bases esenciales de un juicio estético son mundialmente aceptadas por el cerebro humano, como cualquier otro sentimiento químico.
    Sin embargo, el límite estético se produciría en (I) la decadencia de su discurso (II) la indiferencia -si entendemos por indiferencia un no-sentimiento o sensación trivial- y (III) un no-discurso o incomunicación de las artes (mera consecuencia de las dos anteriores).

    Un saludo

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