La luz de Mahfuz

Es éste un mínimo homenaje a un escritor que luchó por la literatura libre de prejuicios y plena de motivo inspirador y creativo. Naguib Mahfuz (foto) murió en agosto de 2006 en Egipto, tras sufrir una úlcera sangrante, ocasionada por una herida en la cabeza que se produjo al caerse en la calle. Tenía 94 años y ha sido único escritor en lengua árabe que ha ganado el premio Nobel de Literatura, haciéndolo en 1988.

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Tuvo la genial idea de trasladar la particular forma de las letras árabes hacia un público cada vez más occidental. Fue muy conocido por su Trilogía de El Cairo. Sus novelas realistas retrataron la situación de Egipto durante el siglo XX. En palabras de Yusef al Quaid (escritor también egipcio), Mahfuz “Vino al mundo únicamente para escribir […] Era el escritor más famoso en Egipto. Tenía una capacidad increíble para crear y creó durante toda su vida”.

Sin embargo no cayó bien a todo el mundo. Convertido en una autoridad literaria de renombre, fue declarado infiel por los extremistas musulmanes a causa de un retrato de Dios que hizo en uno de sus libros, y que fue considerado como ofensivo. Llegó a ser atacado con un cuchillo en 1994. Como consecuencia de la agresión, que le dañó un nervio, quedó gravemente incapacitado para usar la mano con la que escribía.

Al-Azhar, máxima autoridad del Islam en Egipto, prohibió su novela Chicos de Gebelawi (1959) por violar las leyes islámicas al incluir personajes que claramente representaban a Dios y los profetas.
Y es que este escritor, graduado en filosofía en la universidad de El Cairo a los 23 años, se esforzó por mostrar el mundo tal y como su espíritu creador le dictaba, sin dejarse amedrentar por fanatismos que, en su opinión, nada tenían que ver con el amor de Dios a las personas.
Consiguió encolerizar a las autoridades religiosas y militares criticando directamente el impuesto régimen de Nasser; pero el arte está por encima de todo eso.

“Están intentando extinguir la luz de la razón y el pensamiento”, dijo después de ser atacado. Nada más acertado y sincero. Su luz, sin embargo, brillará siempre que un lector quiera acercarse a la lumbre que dio vida el literato, por mucho que unos pocos quieran secuestrar la libertad del resto.

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