El mejor amigo del hombre

[Artículo de opinión publicado en Diario de Noticias el miércoles 20 de septiembre de 2006]

La semana pasada, a mediodía. Estoy comiendo con mi familia y algo me sobresalta. Unos gritos desesperados llaman mi atención. No son gritos humanos, pero están llenos de dolor. Es el informativo. Me acerco y contemplo un horroroso espectáculo. Se me acelera el corazón. Un hombre apalea de manera brutal en una huerta a un perro de raza similar al pastor alemán. El vídeo, grabado por su vecino, un veterinario, revela la crueldad con la que el dueño maltrata al animal. Una y otra vez, le golpea en el hocico y el resto del cuerpo. Al comprobar que el palo que utilizaba no hace callar al malherido chucho, busca en un cuartillo armas improvisadas de mayor tamaño. Hasta tres veces. Cada vez que el amo se retira siguen unos segundos de silencio. De nuevo gritos, más fuertes. Pero el perro no escapa ni ataca, es fiel a su asesino. Lo último que se ve: una tubería subiendo y bajando con rápida violencia, estrellándose en el cráneo de su objetivo.

Con el estómago revuelto, no puedo asimilar lo que acabo de ver. Estoy paralizado. Siento rabia y tristeza; indignación, asco y una profunda pena. El ensañamiento del que hace gala ese “ser” (¿humano?), escapa a toda comprensión. El perro, por lo que sé, terminó ahorcado con una cuerda en un poste de cemento. Se acabaron los gritos.

Ocurrió en Boiro (A Coruña), aunque eso no importa. En 2002, aunque también eso da igual. El caso es que al indeseable, que preocupantemente cuenta con el apoyo de su familia y gentes del pueblo, le harán pagar 6.000 euros de multa, la sanción más elevada por maltrato de animal doméstico. Al parecer, el amable señor también la ha tomado con su denunciante, el veterinario (a quien yo apoyo desde estas líneas), encargándose de envenenar y matar a su can, por haber destapado las despiadadas actividades. Hacer algo así a un ser vivo demuestra lo muerto que está uno por dentro. Llevo once años conviviendo con un perro, compartiendo su mundo y gozando de una compañía que sólo quien la disfruta conoce. Le miro a los ojos y no tiene nada que esconder. Es noble. Depende de mí por completo y no demanda más que un poco de atención, un poco de amor. Sufre y siente. No es tan distinto.Le miro y recuerdo esos chillidos desgarrados, que resuenan como eternos lamentos en mi cabeza, mientras vuelve a la memoria la escena atroz. Pienso que quizá el bárbaro merezca más que una multa o que quizá todo esto sirva finalmente para algo. Tal vez, como dicen, el perro es el mejor amigo del hombre. En cualquier caso, queda claro cuál puede ser el peor enemigo del perro. Y eso, no nos honra. ¿Quién es el animal?

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