La nueva benjamina de Mensa

Georgia Brown (en la foto) es una niña de 2 años y 10 meses. Nació en Aldershot (Hampshire, Inglaterra). Hasta aquí nada raro, de no ser porque hace poco fue admitida en Mensa, organización internacional que agrupa a personas (110.000) con un cociente de inteligencia superior al del 98% de la población. Georgia es actualmente el miembro más joven de Mensa.

Su cociente es altísimo: 152. Una inteligencia tan portentosa no pasa desapercibida. Sus padres, Martin y Lucy Brown, observaron pronto una conducta que llamaba la atención. La pequeña, podía contar hasta diez y reconocer colores a una edad muy temprana. Con un año, solía presentarse diciendo: “Hola soy Georgia, tengo un año”. Con la misma edad se calzaba sin fallar, y al año y medio ya mantenía una conversación. En una entrevista hecha por Daily Mail, podemos leer lo siguiente:

Georgia was so perceptive that after one outing to the theatre to see Beauty and the Beast she solemnly informed her parents: “I didn’t like Gaston (the villain). He was mean and arrogant.”

(Georgia era tan perspicaz que después de haber salido del teatro de ver La bella y la bestia informó solemnemente a sus padres: “no me gustó Gastón (el villano). Era tacaño y arrogante.”)

Georgia Brown

Por lo visto, destaca en todo lo que hace. Le gusta el ballet, la natación, escuchar cuentos, ver la televisión y preguntar a sus padres y hermanos sobre todo lo que le inquieta. 

Cuando la señora Brown comprobó que actuaba de un modo diferente y “más adulto” que el resto de niñas y niños, se puso en contacto con la profesora Joan Freeman, una psicóloga especializada en educación. Ésta le realizó diversas pruebas de inteligencia. Una vez hubo comprobado el resultado, su sorpresa fue tremenda. Georgia posee un C. I. cincuenta y dos puntos por encima de la media, y no ha cumplido los tres años de edad. Eso supone tener un cociente (en proporción) igual al del físico Stephen Hawking, suerte con la que cuenta menos del 0.2% de la población. La exaltación de la psicóloga, que nunca había visto en su vida un caso semejante, no es de extrañar, sobre todo teniendo en cuenta que rara vez se obtienen valores tal altos en personas menores de seis años.

Al hacerse pública la noticia, el círculo británico Mensa, no tardó en invitarla para que formase parte del selecto club. Generalmente, no se admite a miembros menores de 14 años, pero el caso de Georgia es extraordinario. Tanto como el de la persona más joven que ha formado parte de la organización desde que esta existe, Ben Woods, un niño que entró en Mensa contando seis días menos de vida que la actual benjamina. La niña, sin embargo, es la “mensista” más joven de la historia.

La señora Brown, asegura que su hija “es una niña encantadora”. Encantadora y brillante, añado yo. Y si no, tiempo al tiempo.

Ojalá la pequeña Georgia cuente con las adecuadas condiciones para desarrollarse como persona y como intelecto. Si es así, quizá no sea la última vez que oigamos su nombre.

[Para leer la noticia original publicada en Daily Mail, pulsa aquí]

19 comentarios en “La nueva benjamina de Mensa

  1. Señor Cortés, me pregunto qué sucedería si esta niña no hubiera nacido en un ambiente que reconociese su Aptitud. ¿Es decir un ambiente caótico, poco comprensivo, etc…?

    Me Imagino que en ese ambiente podemos englobar todo lo castrante, ¿de acuerdo?

    Yo si me imagino lo inmerso que está usted en la Vida y en sus ocupaciones. créame (utilizo con muy pocas personas el usted, es algo excepcional en mí).

    Mis saludos más cordiales ~)

  2. Bueno no voy a comentar mucho al respeto. Solo que me parece que esta otra noticia puede ser interesante puesto que por lo que dice, parece, que en pocas ocasiones alguien con altas capacidades ha recibido tanta “ayuda” o mejor dicho un trato adecuado a su condición, claro esta, en este país.

    Para responder la pregunta lasonrisadelamistica ya esta Luís. Yo solo diré que siempre es mucho más fácil cuando tienes la corriente a favor que cuando te toca nadar a contracorriente. Eso no determina nada, y en última instancia todo depende de uno mismo, pero también es cierto que todo ayuda.

  3. Gracias, amiga de complejo pseudónimo, por la comprensión. Respondo a todos los comentarios cuya respuesta es pertinente o solícita, pero os ruego un poco de paciencia si me demoro más de lo deseable.

    Probablemente, si Georgia no hubiese nacido en un ambiente que reconociese su aptitud, le esperaría un futuro incierto, sufrido e infeliz. Una persona con semjante capacidad no piensa como los demás. Aun en el caso de que nunca fuese diagnosticada, los desajustes respecto a sus compañeras y compañeros en el colegio, trabajo, etc., serían evidentes y, con ellos, los problemas. El fracaso escolar en superdotados es una realidad que suele sonar paradójica a la opinión pública, pero que resulta presentarse con mucha más frecuencia de lo imaginado. ¿La causa? Un desarrollo disincrónico de la edad mental y la cronológica mal atendido.

    En el caso de que los padres no hubiésen detectado nada anormal, alguien, tarde o temprano (y más bien temprano) lo habría hecho. Basta la escolarización para que una niña así despunte.

    Ha tenido, desde luego, una suerte enorme. Estará bien atendida y, a juzgar por el excepcional ofrecimiento de Mensa, no le faltarán becas para estudiar cuanto esté a su antojo.

    Ella es un diamante en bruto (en el terreno intelectual). En un ambiente caótico y poco comprensivo -castrante de sus posibilidades- se mancharía de lodo, pero seguiría siendo una piedra preciosa.

    Respecto a lo que dice Tsarei, qué decir, que es cierto. El ambiente juega un papel protagonista en el éxito intelectual de las personas. Si bien, y tenemos multitud de ejemplos famosos y anónimos, la voluntad propia puede superar las barreras que la condicionante (que no determinante, como bien matiza Tsarei) contracorriente plantee.

    Gracias por el enlace. Hace alusión a lo que comentamos, e hincapié a la cuestión del inminente fracaso o inhibición del desarrollo intelectual si no se atienden los casos como es debido. Tengo pensado tratar el tema del Efecto Pigmalión en otro artículo.

  4. Lo sospechaba ~’}
    gracias, mil señor Cortés, yo le espero lo que sea… quiero decir sus comentarios en este su lugar, al que me he hecho adicta a mi manera.
    salud

  5. ¿A que edad comenzó a hablar usted? ¿qué le han contado de usted los que le vieron crecer? ¿tiene que ser apasionante? si un día lo escribe como lo siente… me gustará Horrores leerlo.
    más salud para usted y los que le acompañan ~*}
    les deseo
    Ç

  6. Una pregunta:
    Parece que todo el mundo conciba que la superdotación es algo positivo. Con sus riesgos si se lleva mal, pero una buena cualidad. Me explico: ¿tienes un síndrome de Down? Oh qué pena. ¿Que tu hijo tiene una inteligencia superior a la media? Que Dios te ayude pero, enhorabuena. ¿De verdad os parece una cualidad?
    A mi, a ratos, se me antoja una putada del capricho genético. No lo digo por polemizar, ni por despotricar en balde, simplemente es mi opinión. Si la justicia debe ser equitativa, la superdotación no deja de ser una injusticia. Y como tal, duele. No nos engañemos, que no vivimos en un mundo de ideas, sino de personas.
    Un saludo,
    Núria

  7. No se si puedo opinar con tanta libertad aqui pero si se me permite cre o que el sindrome de down nunca te puede hacer feliz y la superdotacion si. No soy una persona superdotada pero creo que ser mas inteligente te puede hacer feliz pero una deficiencia tan grave no te hace feliz.

  8. Candela,

    el pasado se muestra siempre como una pregunta demandada a la hora de estudiar la personalidad de las personas superdotadas. No todos los casos se hacen notar desde la infancia, pues los comportamientos que apuntan a la sobre dotación intelectual se expresan de modos muy diversos y en diversas intensidades, en profunda conjunción con otros factores como el ambiente, la educación y la propia personalidad.

    En mi caso debió ser bastante evidente. La rapidez mental se notó, según me han contado, desde muy pequeño, en las primeras revisiones pediátricas. Comencé a hablar a los 9 meses (articulando frases). Con año y medio, conversaba durante largos minutos con las personas ancianas que encontraba en cierta plaza a la que solían llevarme mis padres. Los niños de mi edad no sabían hablar (comienza el sentimiento de soledad). A los dos años, hablaba a gran velocidad sobre, por ejemplo, la muerte, los insectos y los problemas que encontraba para comunicarme con los amigos de clase (Tengo algunas grabaciones sonoras de por entonces y me sorprende a mí mismo la forma que tenía de razonar.)

    Guardo recuerdos completos que se remontan a cuando contaba con menos de un año de edad.

    Los que me han visto crecer, todavía hoy me siguen comentando la enorme sorpresa que se llevaron escuchando hablar tan bien a un niño tan pequeño. El vocabulario que utilizaba era impropio de mi edad (incomprensión añadida)

    Me diagnosticaron, con poca edad, superdotación intelectual y talento en el área verbal (inteligencia verbal o lingüística más desarrollada que otras), así como una enorme creatividad.

    Me describen como un niño, en su día, muy imaginativo, que estaba constantemente ideando, algo serio, educado y respetuoso, muy hablador, y con afición por la compañía adulta.

    He pensado en narrar mis vivencias al respecto. Otra cosa será que las publique. Queda, en todo caso, su interés, bien agradecido.

  9. Núria, la duda que planteas me parece de interés, sobre todo porque toca una cuestión fundamental, y de gran responsabilidad para con el bienestar de las personas de características especiales: es la cuestión de los clichés.

    Todo va por épocas, modas, ciclos, que van y vuelven… El eterno retorno. En la Antigüedad, los superdotados, genios, sabios, eran temidos, idolatrados o directamente rechazados por sus conjuntos sociales. No estaba bien visto tener capacidades superiores. Se atribuían a oscuros designios divinos de insospechadas intenciones. Cuando no se les condenaba al olvido o a la expulsíón de la sociedad se les tenía por seres peligrosos, extraños y de poca reputación.

    La historia nos depara grandes casos de hombres y mujeres inconformes, que cuestionaron lo establecido, que revolucionaron una disciplina antes de que el mundo estuviese preparado. Generalmente no fueron reconocidos.

    Parece lógico. Si hoy en día mucha gente no sabe qué es un superdotado y tiende a rechazarlo (por si acaso, por rivalidad, por si es mejor que yo), qué podemos esperar que se hiciese hace unos cuantos siglos. Esos “poderes especiales” eran un estigma que, a menudo, sirvió para garantizar la infelicidad de sus propietarios.

    Hoy en día, ser inteligente está muy bien valorado. Garantiza, según dicen, el dinero, la suerte (sospechosa combinación), la relación de pareja, el éxito. Vamos, que es la panacea. Curiosamente, desde los confines desde donde resuenan esas voces, se ofrece un sistema para mejorar/potenciar/exteriorizar/aumentar esa inteligencia. Y, premio, hay que pagar para ello.

    La inteligencia se ha convertido es un aspecto clave en la sociedad de la información. Ya no vale con ser fuerte o voluntarioso. Ahora, hay que ser hábil, diestro, perspicaz y muy, muy listo.

    Después, llegan las frustaciones. Todo el mundo puede conseguir cualquier cosa mientras se lo proponga con el suficiente ímpetu. Pues mire, no señor, no es así.

    Ni la inteligencia es un ordenador que cierra las persianas por la noche, ni todos los niños que jueguen al buscaminas serán Bill Gates, ni el C.I. te hará millonario. El mundo actual, se basa en la compra-venta de objetos y cosifica los atributos, de forma que la belleza o la inteligencia se pueden adquirir por un siempre inmódico precio.

    Con toda esta revolución encima, el vecino ya no sabe si decir: ¡qué suerte! o ¡qué pena!

    Pero volviendo a tu cuestión, Núria, está el cliché que acompaña a persona superdotada y a persona con síndrome de Down. Por resumirte mi opinión, desgloso tu comentario.

    “¿De verdad os parece una cualidad?” Considero que debemos restituir al término “cualidad” de su significado original, a saber, el de rasgo o caracter que distingue a los seres o a las cosas, sin atribuirle connotaciones positivas. Tanto tener sindrome de Down como ser superdotado/a son cualidades. Buenas o malas, ése es otro debate.

    “Parece que todo el mundo conciba que la superdotación es algo positivo”. Coincido contigo. Pero matizaré que lo que a mí me preocupa es que la gente piense que es algo maravilloso per sé, y que convierte a quienes lo son en personas brillantes por automatismo. No creo que la superdotación sea algo positivo en sí, sino que lo será en la medida en que sirva a la persona para desarrollarse más plenamente. Considerar la superdotación como una bendicióno un camino de rosas es exagerar y deformar la realidad.

    Siguiendo el razonamiento, y arriesgándome a las críticas (que bienvenidas sean), tener síndrome de Down será una cualidad negativa en la medida en que impida el desarrollo pleno de la persona. Y suele hacerlo en muchos casos. Del mismo modo, la superdotación será una cualidad negativa si impide el desarrollo de la persona, o mientras lo haga (he de concretar en “desarrollo de la persona” una cantidad ingente de apreciaciones y conjuntos, que me veo obligado a sintetizar con brusquedad.)

    Ese “desarrollo” dependerá también del entorno y no sólo de la cualidad, claro está.

  10. Rojomar, aquí puedes opinar con toda la libertad que quieras. En lo que a mi página respecta, y es el único “dominio de mi jurisprudencia”, el único límite será el insulto o agravio directo por causas que resumiré, visto el éxito del espacio y por si las moscas, en otro “post”.

    Salvando esas lógicas restricciones, ancha es Castilla, sin ningún problema.

    Sobre lo que dices, y creyendo entender lo que quieres transmitir, me parece que yerras al otorgar la capacidad de “hacerte feliz” a meras (ya severas) cualidades. Pienso que tanto una cualidad como otra no hacen feliz o infleiz sino que uno será feliz o infeliz dependiendo de como sepa (o pueda) articular éste entre tantos otros factores.

  11. Hola, Luis, yo tengo una duda que desde hace tiempo me carcome por dentro, que te agradecería mucho que librases de ella: Llevo un tiempo escuchando decir que Marilyn Monroe tenía un cociente intelectual de 164, 4 puntos más alto que el de Einstein, y es algo que me desconcierta pues a mi entender nunca nadie le hizo un test de inteligencia ni nada por el estilo y aún así sacan conclusiones por las buenas, sólo viendo cómo era su manera de ser… no lo entiendo,y más alguien que durante los primeros 20 años de su vida no recibió la atención que se merecía en muchos aspectos. ¿Cómo es posible adivinar el cociente intelectual de una persona sin pruebas más sólidas que esas?
    Y de paso también te quería preguntar cómo puedo hacer para incrementar mi cociente intelectual de 120 o al menos sacarle partido. Yo creo que tengo un problema, pero no estoy segura de ello, y es que soy zurda contrariada. De pequeña era copletamente zurda pero en el colegio me obligaron a escribir con la derecha,además de tener que amoldarme a otras cosas hechas para diestros, y ahora hago mitad de cosas con la zurda y la otra mitad con la diestra, y estando el otro día leyendo información sobre esto en internet me quedé flipada cuando descubrí que esto era nefasto, y querría saber si realmente repercute sobre mi rendimiento intelectual, porque a pesar de que soy bastante lista, las notas no me acompañan para nada, y mi vocabulario… sin comentarios.Mi hermano, que tiene 90 de cociente quita notas mucho meores que yo sin estudiar tanto, y no lo entiendo,¿ debería ir a un psicólogo o algo por el estilo?
    Espero que me contentes. Muchas gracias y sigue así. Acabo de descubrir hoy tu blog y me encanta.

  12. Rojomar, tener síndrome de Down no es una bicoca, pero te garantizo que un chico con síndrome de Down es emocionalmente más inteligente que un superdotado. Claro está que esto hay que explicarlo y matizarlo pero lo haré a petición del público del blog, si le interesa debatir sobre el asunto.

  13. ” ‘Parece que todo el mundo conciba que la superdotación es algo positivo’. Coincido contigo. Pero matizaré que lo que a mí me preocupa es que la gente piense que es algo maravilloso per se, y que convierte a quienes lo son en personas brillantes por automatismo. No creo que la superdotación sea algo positivo en sí, sino que lo será en la medida en que sirva a la persona para desarrollarse más plenamente. Considerar la superdotación como una bendición o un camino de rosas es exagerar y deformar la realidad.”

    Creo que en esto que dice Luis está la clave de toda esta entrada del blog.

  14. Virginia Poe, ¿qué tal?:

    No soy Luis (que más quisiera yo), pero permíteme un comentario. Sobre la primera cuestión, ¿quién sabe?, quizá a Marilyn sí le pasaron alguna prueba de inteligencia, pues ya estaban inventadas en su época, pero no obstante esas cosas que se suelen decir sobre personajes históricos (e incluso más antiguos, como Leonardo da Vinci o Mozart), son mera divulgación o sensacionalismo, estimaciones…; bueno, ni eso, pues la estimación es una operación estadística perfectamente legítima y esto que hace determinada prensa o determinados libros no tiene pies ni cabeza.

    Acerca de la segunda cuestión, y en pocas palabras: voluntad: ése es el remedio, no hay más. Luego esa voluntad hay que reforzarla y alimentarla con perseverancia, autoestima, etc… Lo de ir al psicólogo yo lo probaría sólo en el caso de que tu situación revierta en tu autoestima de modo verdaderamente preocupante. Créeme: la fuerza de voluntad te va a aportar más dividendos en esto del saber y el conocimiento que el hecho de tener más o menos puntos de C.I.

    Trabaja duro.

  15. No sé sabe qué cociente tenía Marilyn ;)= Con seguridad solo se sabe que era muy bella. Pero estamos tratando a los superdotados como un todo. Sólo teniendo en cuenta su C.I., personas con un cociente verdaderamente alto dentro de los superdotados hay muy pocas. Luis es una de ellas. A mí también me gustaría tener su capacidad intelectual. Pero es que tiene mucho más: una cultura enciclopédica, muchísima sensibilidad y una gigantestca capacidad de abstracción. Además lee como un condenado y a toda velocidad. Nos lleva ventaja al menos a mí que también soy superdotado pero no puedo compararme con él ni de lejos ni pretender competir. (que mala es la envidia) Dentro de los superdotados y las superdotadas hay también categorías, niveles. No es lo mismo 130 que 180 y no es lo mismo 130 con 15 años que con 9. Saludos..

  16. Buenos días.

    He descubierto casualmente tu blog -miento, ha sido mi cónyuge- y he visto pocas entradas, lo miraré con mayor detenimiento pues el perfil que ofreces es admirable. No puedo decir yo lo mismo siendo un completo fracaso académico.

    Pero me llama la atención que alguien con tu mente considere que una niña de 2 años tiene una capacidad altísima e indiscutible. Es más que probable que siga así o se supere, pero ¿no piensas que su propio proceso evolutivo puede transformarla de muchas maneras? ¿No crees que se le ha hecho un triste favor a esa niña ubicándola en los titulares de la genialidad como un especímen de laboratorio? En mi opinión es más que probable que su comportamiento emocional sea alterado gravemente.

    Por otro lado no comprendo la actuación de Mensa, cierto que ni en éste ni en muchos casos. Ignoro el funcionamiento en el país que fue su cuna, pero conozco en el que nos encontramos y han realizado una “adopción” publicitaria. No es una asociación que cuente especialmente con mis simpatías, tras un periodo de estancia bastante prolongado tengo la dudosa satisfacción de haber discutido con buena parte de sus integrantes de quienes no dudo que la etiqueta de alta capacidad les queda excesivamente grande.

    En cualquier caso supongo como indiscutible que buena parte de los que están sí son, y tratándose de la organización más numerosa, el hecho de que no pase de ser un club social cuando tantas necesidades existen individual y socialmente, me resulta suficientemente penoso.

    Un cordial saludo

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