La sorpresa de Allison Lovejoy

Este artículo tiene banda sonora. Conecta los altavoces o auriculares y disfruta…

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De vez en cuando suele sentenciarse por parte de algunos puristas amargados que hoy en día no existen jóvenes que se dediquen a la interpretación de música clásica y graben pronto sus trabajos. Qué mentira más pesimista.La competencia, ciertamente, es enorme para quien quiera sacar a la luz un disco de clásica y, además, pretenda venderlo. No negaré que hay dedicaciones que decrecen. Sin embargo hay algo que se encuentra, precisamente a falta de tener otro lugar adonde ir, más allá de jerarquías verticales, clichés y diversos fenómenos de frenética contemporaneidad.Ese algo aparece en ciertas personas, que necesitan sentirlo para que otros sientan y crearlo para que otros gocen de la creación. Ese algo es el arte. Tan difícil de definir como sólo el humano puede imaginar.

El arte es un trámite,

una dilación entre

el individuo y la

vida misma…

En esta ocasión hablo de música. Investigando encontré hace poco una sorpresa en forma de pianista. Se llama Allison Lovejoy, y para contradecir a los puristas amargados de los que hablaba, es una joven solista y ha editado ya tres discos.

Muy poco conocida en España, enfila su proyección internacional con un variado repertorio, destacándose la interpretación de obras de finales del siglo XIX. Entre sus méritos se cuenta el concierto del Emperador (de Beethoven), con la orquesta del festival internacional de la música en Nicaragua, bajo el bastón del director Urs Leonhart Steiner. 

Lovejoy, cuyas grabaciones de piano suenan con discreción en alguna película (“The Waves”, Cannes, 2004), ofrece su último trabajo, compuesto por 17 nocturnos de los principales maestros del género: Chopin, Debussy, Bizet, Poulenc, Scriabin o Grieg. Este disco, titulado Nocturnes (al que pertenece la pieza que quizá estés escuchando, Nocturne No 2 in C Minor, Chopin), revela a una pianista pasional y sensible que pretende conquistarnos con esas íntimas notas de inspiración noctámbula.

Y nos recuerda, al meterse el sol, que todos anochecemos y prestamos nuestra alma a lo inanimado, e intentamos suplir con el arte los vacíos de nuestra mortalidad.


2 comentarios en “La sorpresa de Allison Lovejoy

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