Concha Lagos: un siglo de poetisa

Mi carácter es triste y me gusta la soledad, pero mi exterior es alegre y juego a ser frívola”.

C. Lagos

Siguiendo la estela de pérdidas literarias, dedico este artículo a una mujer amante de la literatura hasta el fin de sus días. La cordobesa Concepción Gutiérrez Torrero, Concha Lagos para sus lectores, murió el pasado 6 de septiembre en Madrid, con cien años.

Concha nació en 1907 en Córdoba, pero pronto fue acogida por el Madrid de principios de siglo, cuando sus padres se trasladaron a El Escorial. Estudió Filosofía y Letras y se interesó desde joven por la poesía, si bien no publicó Balcón, su presentación como poetisa, hasta el año 1954. Leyó con profusión a Rilke (su poeta favorito), y entre los grandes españoles que tanto le inspiraron (inspiran a todo el que los lea, son sublimes) se cuentan Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y, sobre todo, Luis Cernuda, de cuya poesía se confesó enamorada.

Hablando de amor, contrajo matrimonio con Mariano Lagos -del que quiso conservar el apellido-, de profesión arquitecto y célebre fotógrafo que retrató a escritores de gran talla intelectual, como Gómez de la Serna, Valle-Inclán, Ortega y Gasset, Jardiel Poncela o el mismo Cernuda. La pareja hizo amistad con el pintor impresionista Anselmo Miguel Nieto, así como con otras figuras del viejo Madrid cultural.

La poetisa Concha Lagos muere a los 100 ...

La poetisa invirtió mucha dedicación a proyectos de difusión de nuevos autores. Un ejemplo de ello es su participación entusiasta en la Colección Ágora de Poesía. Llegó a dirigir la revista Ágora durante años, desde donde editó a varios jóvenes despeinados y rebeldes que respondían a los apellidos (ahí es nada) de Umbral, Hierro o Fraile, entre otros. Organizó debates y tertulias sobre literatura y recitales de poesía, contando con la participación de varios miembros de la Generación del 27, como Gerardo Diego y otros poetas que por aquellos entonces solo eran aspirantes a ello. 

En verso, me quedo con sus libros La soledad de siempre (1958), Luna de enero (1960), El corazón cansado (1957),  y Los anales (1966). También escribió prosa, como demuestran los cuentos El pantano (1954) o La vida y otros sueños (1969) y novelas como Al sur del recuerdo (1955 ).

Premios como Ámbito Literario de Poesía (1980) o el Ibn Zaydun, del Instituto Hispano-Árabe (otorgado en 1984), evidencian su reconocida calidad. Y su poesía, estudiada en varias universidades americanas, resulta al lector bastante original, dentro del contexto en que fue creada.

Poesía que no puede desprenderse de una esencia existencialista que todo lo envuelve en un impenitente halo de duda solitaria ante la vida y sus emociones. Tampoco creo que su poesía quisiese desprenderse de tal cariz que, a buen recaudo, le confieren una hondura humana y franca.

Era, según le describen quienes la conocieron, una mujer entrañable y cariñosa.

Pasó los últimos quince años de su vida en una residencia de ancianos, donde tenía por costumbre amenizar la estancia a sus compañeros leyendo poesía.

Su propia poesía.

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Qué fácil este ahora

 

Después de tanto y cuanto, aquí estamos de nuevo
ahorrando las palabras, sabiéndonos el fondo,
porque el silencio dice de nuestra paz ganada.
|
Nos tenemos compactos, casi a renglón seguido:
una página escrita con tu nombre y mi nombre,
encuadernada a pulso de sucesos y tiempo.
|
Qué fácil este ahora, resumen de los días,
y qué nueva tu mano por caricias antiguas
estrenando otra vez la mirada y el beso.
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Te me vas y te quedas en aire que respiro,
en ausencia y presencia que nada me entorpece,
como un llevarte dentro aladamente en alto.
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Y te me quedas más, como el hilo en la malla
de un pasar que se anuda, de un quedar avanzando,
de un agua inagotable siempre de cara al cielo.
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5 de junio
       
Te lo escribo en voz baja desde un 5 de junio.
Cuando baje la espuma (porque siempre
desciende).
Enciérrate este ahora en el recuerdo,
no señales el día.
Para olvidar no hay fechas.
Escríbele postales al entonces.
En alguna ventana
se quedará tu mano alcanzándome estrellas.
       
No sé por qué me afano en cosas del futuro
cuando puedo mirarte y saber de tus ojos.
Qué cerca por tus sienes al latir de tu sangre,
al instante infinito que perdura en el beso.
       
Quisiera preguntarle a todas las semanas
dónde estabas oculto sin domingos ni lunes,
mientras yo caminaba ya por sueños de ahora.
       
A veces cambia todo al volver una esquina.
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Levantaré la copa mirando hacia la tarde.
Te quedará mi gesto bajo la luz tranquila
con músicas lejanas y renovadas lunas.

Concha Lagos

5 comentarios en “Concha Lagos: un siglo de poetisa

  1. La verdad es que me ha sorprendido el poema. Es muy entrañable, y aunque en principio el tema no sea en absoluto triste, sí que tras leerlo se me ha quedado un regusto inequívoco de melancolía, esa melancolía que tan frecuentemente transmite la poesía. En este caso, aunque no sea el tema, sí que parece estar presente la idea del paso del tiempo, el paso de la vida… Con todo, Concha Lagos parece escribir este poema desde un estado de notable serenidad. Desde luego, eso parece transmitir, y versos como “ahorrando las palabras, sabiéndonos el fondo, / porque el silencio dice de nuestra paz ganada” no parecen desmentir esta idea. Por otra parte, la serenidad no es incompatible con cierta melancolía. Esta sensación de especie de nostalgia que se me queda, y que tal vez (lo digo con mucha prudencia) también haya acompañado a Concha en el momento de escribir el poema, tampoco creo que sea incompatible con algunos versos optimistas que parecen mostrar el gozo por vivir, la posibilidad de explorar aún nuevas sensaciones: “Qué fácil este ahora, resumen de los día, / y qué nueva tu mano por caricias antiguas / estrenando otra vez la mirada y el beso”. Versos preciosos, sin duda. Este primer verso, sin embargo, a mí me vuelve a hundir en una cierta sensación de nostalgia.
    Debo dejar claro, no obstante, que he partido desde un primer momento de la base de que este poema lo escribió en su vejez. En principio eso parece, aunque podría estar equivocado.
    Sea como fuere, el tema es muy bonito. No es original, ni falta que hace. Lo importante no es escribir sobre temas originales. Desde mi punto de vista, lo que más mérito tiene es conseguir emocionar, conseguir transmitirnos algo, partiendo del tema más manido, más trillado y manoseado. Concha, conmigo al menos, lo ha conseguido.

  2. Un buen comentario. Como tiene por buena costumbre dejar caer. El poema pertenece a su madurez (no tanto vejez), y eso se nota. Como bien señala Un día de abril, “parece estar presente la idea del paso del tiempo, el paso de la vida…”. Suscribo esa visión por completo.

    Mis versos favoritos: los tres primeros.
    (Después de tanto y cuanto, aquí estamos de nuevo/
    ahorrando las palabras, sabiéndonos el fondo,/
    porque el silencio dice de nuestra paz ganada.) Una figuración contemplada e implícita, con un “cronos” traicionero esperando en el telón… Tras el paso de los años, la poesía sigue conmigo, aquí estamos juntos todavía (quizá pensaba Concha).

    No puedo evitar, ya por carácter ya por debilidad, sentirme nostálgico también. En verdad era una mujer que representó el amor, la naturaleza, y otros motivos. Pero sin duda, la soledad y el desarraigo del mundo (esa crédula anti-religión) empapan su obra de principio a fin. Y la hacen, a mi gusto, mucho más atractiva.

    Un apunte: cuando digo “[su poesía] … resulta al lector bastante original”, me refiero a la originalidad con la que trataba temas comunes. No tanto a que diese con motivos novedosos (por si su comentario hace alusión a mi frase).

    Si Concha consigue transmitirle algo, emocionarle, ha conseguido lo que desea cualquier poeta, ¿no cree?

    Y termino, señalando la incorporación de otro poema de la poetisa al artículo. Se titula 5 de junio, y todavía me gusta más. A ver qué os parece.

  3. Estoy completamente de acuerdo con Don Luis, el insigne sabelotodo, ya que en sabiéndolo todo, y en siendo insigne, no podría dejar de estar de acuerdo con él, y eso a pesar (muy a mi pesar) de que yo ni sea insigne, ni esté cerca siquiera de saber bastante, no digamos ya de saberlo todo. Sea como fuere que fuese y que fue, el caso es que sí, que si el primer poema de Concha Lagos me pareció muy bonito, éste me lo parece aún más.
    La primera estrofa me parece bellísima, con versos que no andan muy lejos de resultar memorables (¿qué hubiera ocurrido si lo hubiese escrito Neruda?), como los dos primeros (formidables), o (en menor medida), los dos últimos, que aunque aparentemente más comunes, han conseguido emocionarme: “En alguna ventana / se quedará tu mano alcanzándome estrellas”. Hoy día suele resultar muy difícil en poesía utilizar palabras como “estrella”, “luna”, “crepúsculo”, y otras muchas, y conseguir sacar a flote versos dignos, no sobre manoseados, que no suenen a tópico. Se debe, evidentemente, a que han sido palabras tan recurrentes en poesía (y no sólo en poesía), tan utilizadas, que resulta difícil poder darle al verso ese giro especial que permita crear algo digno. Insisto en que no se trata de buscar originalidad, sino de conseguir transmitir (o, mejor), emocionar, y eso resulta difícil si has leído casi lo mismo una y otra vez. Sin embargo, estos dos versos, aunque no de una gran originalidad, a mí me parecen mucho más que simplemente dignos. Concha ha conseguido impregnarlos de un gran lirismo, un lirismo terriblemente evocador y, nuevamente, nostálgico. Y es que una vez más, el poema suda nostalgia. He comentado sólo la primera estrofa, pero la última me parece sensacional. “Levantaré la copa mirando hacia la tarde / Te quedará mi gesto bajo la luz tranquila / con músicas lejanas y renovadas lunas”. Buf, sensacional, precioso, bellísimo.
    “Mientras yo caminaba ya por sueños de ahora” resulta un verso casi colosal, a pesar de que lo comente en último lugar. En este caso concreto es una pena que se haya hablado tanto sobre los sueños, tema tan recurrente, porque si no, habría que quitarle el casi y dejarlo, sencillamente, en colosal. Y nuevamente es un verso que rezuma nostalgia.
    Y por hoy, ya vale de comentarios estúpidos.

  4. Me alegra coincidir con usted. Pero me agrada menos el trato de “sabelotodo”; peor aun si viene precedido de “insigne”. Me abruma el desproporcionado elogio que, en verdad, no es más que una falacia. Cariñosa, lo sé. Pero falacia.

    Si esos versos los hubiese escrito Neruda, serían sin duda famosos. Como los escribió Concha Lagos, resultan casi desconocidos. Pero no hay nada de malo en ello. El ejemplo sirve para demostrar lo ostensible de los elementos poéticos frente a la transitoriedad de sus autores. Los poemas toman fuerza propia y se olvidan de quién los escribió.

    Son bellos en sí.

    La primera estrofa me parece muy sugerente. Mas destacaré la tercera como mi favorita:
    Quisiera preguntarle a todas las semanas
    dónde estabas oculto sin domingos ni lunes,
    mientras yo caminaba ya por sueños de ahora
    .

    Bárbara. Muy buena. Sí señora.

    Le animo, Un día de abril, a que no insulte a sus comentarios, nunca estúpidos. Personalmente me satisface compartir impresiones con una persona que aprecia el sabor de un poema. Y supongo que puedo hablar también en nombre de esos lectores de incógnito, que prefieren la discreción del silencio, pero vuelven a la página para encontrar contenidos nacidos de la pasión.

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