11-S: seis años después. Reflexiones en torno a la política antiterrorista estadounidense

Hace seis años, una serie de espantosos atentados suicidas acabaron con la vida de, al menos, 3.000 personas en la isla de Manhattan de Nueva York. (Según datos oficiales, son 2.974 confirmadas. Personalmente, y teniendo en cuenta, entre otros aspectos, las decenas de personas que continúan desaparecidas, las que estaban indocumentadas y las muchas que siguen muriendo hoy día a causa de las lesiones, considero que la cifra real es bastante mayor a la publicada oficialmente.)

Miembros de la red terrorista islámica Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales que tenían como destino el Estado de California (tres se dirigían a Los Ángeles y otro a San Francisco) y terminaron estrellándolos, repletos de pasajeros, contra edificios de gran carácter simbólico, ocasionando la peor masacre terrorista de la historia.

Los estadounidenses han homenajeado a las víctimas de los salvajes ataques con varios minutos de silencio, a la misma hora y en el mismo lugar de los atentados, en la llamada Zona Cero, solar del ya extinto World Trade Center. En el resto de EE. UU. se llevaron a cabo actos similares, no sin provocarse polémicas. Mientras se rendían honores a las víctimas, Al Qaeda y su líder, Osama Bin Laden, emitieron un nuevo vídeo en el que califican de héroe a uno de los autores de la matanza y piden a EE. UU. que, si quiere evitar la guerra, se convierta al Islam.

Como es sabido, las consecuencias de los Atentados del 11 de Septiembre han sido devastadoras. La economía del Bajo Manhattan, tercer distrito económico de Estados Unidos, quedó literalmente hundida y los mercados de bolsa reabrieron el 17 de septiembre, tras el mayor parón desde la Gran Depresión.

Pero, más allá de los daños materiales y humanos (sin duda los de peor naturaleza), me interesa dedicar unas líneas a las repercusiones políticas; que, sin duda, ocasionan indirectamente muchas más muertes. Tales repercusiones políticas se han visto reflejadas en la guerra de Estados Unidos “contra el terrorismo”, tanto en Afganistán como en Iraq.

Para el gobierno estadounidense, el balance, seis años después, es el peor de los posibles. Tanto en términos militares como morales, el fracaso es rotundo. Bin Laden sigue suelto. Lo ocurrido en Iraq es vergonzoso. Estados Unidos ha ganado una guerra gracias a una mentira. Las famosas armas de destrucción masiva, cuya existencia ha resultado ser una ficción, sirvieron de pretexto para librar una injusta contienda bélica que alejó la paz definitivamente para una tierra que vivía en la miseria, y ahora suma a su tragedia cientos de miles de muertes de personas inocentes, que pagan las consecuencias de una “war on terror” caótica y deleznable.

En Afganistán, los “talibanes” no han sido desarmados. Los ejércitos llegados de diversos países para asentar la paz civil (en teoría), se ven duramente desafiados por guerrillas sin piedad.

Lo que debía ser “un combate por los valores de la democracia, la justicia y la paz” se ha convertido en todo lo contrario. Estados Unidos no sólo no ha aportado justicia o paz, sino que ha conseguido alimentar el mal que pretendió creyésemos erradicado.

Los centros de detención de enemigos políticos, controlados por dispositivos militares estadounidenses, son responsables de horribles torturas y actos de crueldad inaceptables. Ejemplo de ello es lo ocurrido en la cárcel de Abu Graib o en el centro de Guantánamo, en la isla de Cuba, lugar cuyo funcionamiento irregular viola sistemáticamente los derechos más básicos de un modo vomitivo.

El presidente Bush utilizó los ataques para justificar su despiadada invasión a Iraq. Y ha estado utilizando el 11 de Septiembre desde entonces, para asustar a la población, ligando incesantemente las palabras Al Qaeda e Iraq, en un ejercicio de condicionamiento pavloviano, Iraq-miedo, que genera las “adecuadas” reacciones contra el Islam como entelequia global.

Sin dejarnos olvidar el discurso absurdo del progreso, se insiste desde las posturas más reaccionarias en fortalecer la idea de estructura piramidal del terrorismo contemporáneo, con Bin Laden en el vértice. El odio y el resentimiento están siendo deliberadamente encaminados hacia conjeturas planificadas que tienen como fin persuadir a los ciudadanos sobre la inminente colisión entre el Islam y Occidente, como caldo de cultivo típicamente automatizado del hipnotismo antisemita más putrefacto.

Los conflictos ideológico-políticos toman formas en creciente complejidad desde hace una década. El terrorismo global contra Occidente, se divide y disemina en numerosos y pequeños grupos autónomos, con orientaciones religiosas y políticas no necesariamente similares. No obstante, ese odio coincide, bajo el emblema de Al Qaeda, en una aversión a Occidente, a Estados Unidos y al pueblo judío (más allá del mero Israel).

El problema es que se refuerza ese odio con más odio. La inmundicia de los atentados del 11 de Septiembre representa, sin lugar a dudas, una clase de repelente fanatismo irracional (perdón por redundar), con Alá como excusa para causar todo el daño posible.

Pero, sin lugar a dudas también, la respuesta malograda de Bush ha resultado dañina por dos motivos: ha sido atroz e instintiva, y fue basada en haber retorcido, ignorante y torpemente, la visión del mundo Arábigo-musulmán. Estos dos errores de base son cualitativamente diferentes. El primero implica las emociones; el segundo, las ideas. Mezcladas, crearon un cóctel mortal. La justificación magnífica de la “democracia que se separa en el Oriente Medio” proporcionó simplemente una cubierta sabrosa para la venganza y el racismo.

La América de Bush respondió al 11-S  azotando hacia afuera. Eligieron el recelo sobre la justicia, optaron por la “razón” excesiva del instinto. Bush exigió un juego de vengadores. Pero no tomó su venganza con el individuo que les atacó, sino con alguien que estaba parado en la esquina. Para los conservadores, este instinto es no sólo natural sino necesario.

Por supuesto, USA estaba enfurecida y temerosa después de los atentados. Tenía motivos más que lógicos. Pero reaccionando a los ataques como lo hicieron, como un borracho insultado en una barra, se cargaron los propios intereses nacionales. Era vital reflexionar sobre qué les atacó, por qué lo hicieron, y cuál sería su respuesta más eficaz.

Mas no se reflexionó. El oculto botón rojo ideológico dio el pitido de alarma y supo combinar la emotividad histérica con esas ideas, que ascienden a una clase de fanatismo de hecho, permitiendo basar sus reacciones simplemente en los instintos animales.

En el sexto aniversario de los Atentados, necesitamos hacernos preguntas más profundas. La idea de una “guerra contra el terrorismo” dirigida por Estados Unidos empieza a parecer anticuada y obsoleta. Ese país, bajo el mando de George Bush, ha dado claras muestras de incomprensión y desacierto con su política de invasión militar.

La lucha del bien contra el mal no tiene partidos ni se gesta con tanques ni con aviones. Entender a los pueblos en lugar de masacrarlos puede que sea una de las vías para llegar a la solución. Para ello, hay que empezar por eliminar ciertos prejuicios de la mente.

Ni Dios ni Alá ni el dinero ni el petróleo ni las bombas ni Bush ni Osama traerán la paz.

Sólo la inteligencia y la voluntad podrán hacerlo.

Pensemos en las víctimas, que no tienen más valor por ser de un bando u otro.

Pensemos en las guerras, que no son justas o injustas.

Pensemos en los dioses, que nada tienen que ver con la sangre.

Pensemos en matar por ideas… ¿de verdad vale la pena?


11 comentarios en “11-S: seis años después. Reflexiones en torno a la política antiterrorista estadounidense

  1. Jamás en la historia ha habido una guerra entre dos países democráticos, porque la palabra y el diálogo son las armas de la democracia. Por eso el afán de todo pacifista debe ser llevar la libertad y la democracia, aún en las circunstancias más adversas, a aquellos lugares en los que los seres humanos no son más que siervos de los tiranos. Los EEUU han llevado la democracia, imperfecta ciertamente, a Irak, y las fuerzas del mal encarnadas en las tiranías vecinas y en los movimientas terroristas islámicos tratan de impedir su consolidación y desarrollo. Los auténticos pacifistas sólo esperamos la derrota sin paliativos de aquellos que quieren sumir a la humanidad en el oscurantismo religioso más cerril.

  2. Dejaron que ocurriera la tragedia del 11S para tener una excusa para invadir Iraq, como lo fue el Maine para invadir Cuba. Aquí hay un programa maravilloso, La hora de Billy Maer, donde ponen a caldo a Bush y sus secuaces. En el programa del otro día Ralph Naider, persona admirable y defensor a ultranza de los derechos de los consumidores, ponía dos condiciones para ir a una guerra: 1- Que los hijos de los políticos envíen a sus hijos primero y 2- Que al igual que el resto de los americanos dejen de tener seguro médico pagado por el estado. Cómo ven en USA, cada vez más gente desconfía del sistema, de hecho, muchos, ni siquiera creén que Bin Laden exista, yo también tengo mis dudas acerca de quien es y para quien trabaja…

  3. Pensar que pudo haberse evitado el 11-S y no se evitó por interés militar me parece muy arriesgado.

    Es cierto que el terrorismo es baza para USA y su política exterior y también que se ha adoptado, por parte de la Administración Bush, una actitud colonizadora de nefastas consecuencias y de lo más hipócrita respecto a los derechos humanos. Ahora bien, sospechar de la existencia de Bin Laden es ir demasiado lejos.

    La Voladura del Maine (el 15 de febrero de 1898), sin embargo, sí resulta -todavía en la actualidad- un sospechoso misterio. No cabe duda de que la explosión del acorazado proporcionó al Presidente McKinley un apoyo de facto para adoptar medidas extremas, tras haber presionado al Gobierno español con un cambio de embajador en Madrid.

    Comprendo, Pablo, tu desconfianza. Más aún cuando tenéis en Cuba antecedentes tan graves como el de la explosión del barco en La Habana (que no olvidemos quitó la vida a 226 personas). Muchos intelectuales norteamericanos coinciden en algo: probablemente tal “accidente” fue planeado por los Estados Unidos, como último recurso para participar en la guerra cubana.

    Y no sería de extrañar, dados los intereses que tenían depositados en la isla.

  4. Desde mi punto de vista, también tengo mis dudas acerca de que EEUU fuera cómplice de los ataques a su propio país, si bien es cierto, y en esto coincido con Luis, que es evidentísimo que el Gobierno de Bush ha sacado tajada electoral de las consecuencias derivadas de dichos atentados amén de que éstos le han servido de justificación para cometer atrocidades.

    Estados Unidos no tiene absolutamente ninguna legitimidad para considerarse estandarte y guardián de la democracia porque los valores democráticos distan mucho de la barbarie y el sadismo que pone en práctica este país allá donde su ego y su avaricia le llevan a colonizar.

    No logro asimilar en modo alguno que los auténticos pacifistas alimenten las guerras. El arma de EEUU no es la palabra ni el diálogo, sino el control ecnómico, el control medático y el engaño, la imposición y la expansión del miedo.

  5. Un par de comentarios.

    1. Me parece lógico tu planteamiento, Judío. Y acertada la reflexión sobre cuál es en realidad la fuerza de una nación tan controvertida como el la estadounidense. El poder de EE. UU. está muy ligado a su gigantesco éxito económico, que en parte se debe a varias generaciones de trabajo inteligente y expansión de mercados liberales y en parte a la explotación despiadada de recursos y a la exclusión de pueblos dependientes.

    Sea como fuere, EE. UU. ocupa el liderzgo de un ejército económico perfectamente adiestrado. Apenas supera el 4% de la población mundial y sin embargo es el principal promotor y beneficiario de la “mercadización” mundial. Es lo que los sociólogos denominan minoría dominante del mercado mundial.

    Un país que simboliza el poder rayante en la invulnerabilidad, y que controla los tres pilares del mercado libre en el globo (tecnológico, financiero y cultural), tiene razones para ser temido, envidiado y odiado. La principal causa de este tipo de sentimientos, a mi juicio, es la riqueza desproporcionada que alberga (he aquí el fundamento del antiamericanismo). En función de esa riqueza -y como mecanismos de mantenimiento- aparecen ciertas infraestructuras, como son las potencias militares, las inversiones invasivas de capital, las prácticas empresariales o el control ideológico y la difusión de determinados valores sociales a través de medios de difusión masivos.

    Las reacciones violentas se repiten a menudo ante casos de minorías dominantes del mercado. Situación de dominio similar al estadounidense, viven los chinos en Filipinas o los libaneses en África occidental. Y entre los pueblos filipinos y africanos se generan, otra vez, resentimientos que en ocasiones terminan en muestras terroristas.

    2. Respecto al pacifismo, poco se puede resumir sobre un tema tan confuso. Discrepo de tu opinión sobre el mismo, Libre, y detecto algunas contradicciones en tu comentario. Comienzas diciendo: “Jamás en la historia ha habido una guerra entre dos países democráticos, porque la palabra y el diálogo son las armas de la democracia”.

    Esto, de ser cierto, no se ajusta al caso estadounidense, como dice Judío. Sigues: “(…) el afán de todo pacifista debe ser llevar la libertad y la democracia”. La palabra y el diálogo son las armas de la democracia, según dices. En ese caso, o bien lo que ha hecho EE. UU. no es democracia, o bien la democracia guarda trucos de almendruco bajo manga.

    Por último, te cito: “Los auténticos pacifistas sólo esperamos la derrota sin paliativos de aquellos que quieren sumir a la humanidad en el oscurantismo religioso más cerril.”

    Esa derrota sin paliativos no puede conducir más que a una situación de represión. Deducir de la represión la paz no es buena lógica. Y termino. El oscurantismo religioso, ¿es exclusivo de movimientos terroristas islámicos?

    Un saludo.

  6. Estados unidos puede considerarse estandarte de democracia por que ha llevado la democracia a paises que solo sufren por culpa del fanatismo islmamico. judio igual tienes que estudiar historia para darte cuenta de que E.U, aunque te caigan mal han hecho mucho por la paz en el mundo. Bin Laden es un asesino y no tiene disculpa. Que harias si un familiar tuyo hubiese muerto en las torres? Seguro que no pensarias asi.. La barabrie y el sadismo tambien lo paga ese pueblo sometido y no viene precisamente de los americanos.

  7. Hola a todos, interesante debate.
    Manu, le preguntas a judío qué haría si un familiar suyo hubiese muerto en las torres. Bien. Me gustaría preguntarte qué sentirías tú si fueras una madre afganesa/Iraquiana y vieras morir a tus hijos en una guerra que no sabes muy bien de dónde ha venido y que obviamente no puedes detener de ningún modo. Puede que lamentaras los atentados y encima te dinamitaran la vida en su causa. Qué bonito ¿no?
    Particualrmente, a mí me daría igual quien está intentando protegerse/vengarse de quien. El asunto es que dolor con dolor no cesa. Esa es mi opinión. Y más que de democracia, liberalismo o economía, creo que deberíamos hablar de poca imaginación de los líderes mundiales para comportarse como tales.
    En referencia a los réditos electorales, parece que se valora mucho más el carisma que la sabiduría (hablo de sabiduría interior, de empatía, de comprención global). Así, señores, el mundo no es más que un enorme patio de colegio. El más bruto es el que manda. Que Dios (el que sea) nos pille confesados.
    Núria

  8. Está claro. Todo depende del ángulo de visión (o de ceguera). Se reproducen novísimos motivos de enfatizar un combate inmaduro y emponzoñado. No podemos clasificar las muertes por categorías, no hagamos taxonomía cadavérica. Tanto monta, monta tanto.

    Me gusta cuando hablas, Núria, de la “poca imaginación de los líderes mundiales”. Conforme. Y poca inteligencia, por qué no.

    El poder imaginativo del lenguaje, de la mente, tiene la capacidad de desplazar enfoques extremos y violentos si existe voluntad para ello.

    Habiendo estudiado historia, Manu, puedo decirte que las atrocidades no tienen color. Vengan de donde vengan, se llevan el canto de un duro.

    No pensemos tanto en causas y consecuencias, en cómo o en cuándo. Pensemos en qué, en quiénes. Pensemos en administrar mejor esta finca espacial que es el Planeta. Somos malos rectores.

  9. Vale entonces les dejamos que hagan lo que quierran y que maten a gente inocente si da igual. mades que pierden hijos hay en todas partes, pero hay que ver quien ataca primero. Primero atacan los islámicos por eso hay que frenar los epidosdios antes de que extiendaan su tirania religiosa. la madre afganesa de la que hablas sufrira por culpa de sus hijos terroristas. En un lugar donde no saben leer y son tan incultos solo puede haber fanaticos.

  10. Hola Manu,

    no te ofendas, pero de tus línias se extrae que no es sólo en el islam dónde existen fanáticos.

    Obviamente, no me parece correcto dejarse atacar sin reacción alguna. No. Lo único que lamento es el poco atino al escoger la respuesta, eso es todo.

    Creo que cuando alguien recibe un mazazo como el que sucumbió a E.E.U.U. el 11-S, debe preguntarse él porqué hasta la saciedad (si es que pretende llegar a algún puerto, claro). Podemos quedarnos con que es puro integrismo islámico. Podemos ir un pelín más allá.

    Lo que pasa aquí es que hay muchos intereses mezclados con el instinto de venganza, y me dá a mí en la nariz que poco tienen a ver con la tan ansiada paz. Mira tú por donde. Me parece una verdadera lastima.

    Saludos
    Núria

  11. El 11 de septiembre de 2001 pasarà a la historia como el día en que el TERRORISMO subió a las cumbres de la actividad màs deplorable cometida por el ser humano. Pero…, ¿antes de eso, en donde quedaban los actos cometidos en Colombia, España, Palestina, Israel, Líbano o Siria durante más de 40 años?. No nos dejemos engañar, el hecho de que EE.UU. halla vivido en carne propia las devastadoras consecuencias del terrorismo, no quiere decir que dichos actos no hubieran existido o tenido relevancia en otras latitudes.

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