El último extraño viaje de Fernando Fernán Gómez

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Definitivamente estoy triste. ¿Las desgracias van de la mano? Tengo ganas de mantenerme en la sombra de mi habitación, a poca distancia de una estufa como la Hermann Hesse, y charlar con ella sobre lo bonito que es concentrarse en las épocas doradas, sin dejarse remover por la desmemoriante acometida del tiempo y sus muertos.

El encanto de Fernán Gómez, su ronco vozarrón y un carácter de bravío español, genio tímido según él mismo, va más allá de una personalidad bruta y solemne, de un mal carácter constantemente perdonable quizá, sí, por eso mismo, por haber configurado muchos sueños, risas y llantos a tantos espectadores. Hemos de sumar otra gran pérdida del mundo del arte, el cine y la literatura a un más que trágico año 2007 al respecto. Si el cielo no desciende, y hasta hoy nunca lo ha hecho, nos quedamos sin una gran figura del celuloide y la escena en España.

 

Deja atrás, este coloso, este auténtico animal del cine que ha interpretado cerca de 200 películas, una larga carrera dedicada al cine y el teatro, iniciada allá por 1943. Fernando nació en Lima (Perú) en 1921, cuando su madre estaba de gira por Sudamérica. Sólo podía ser actor.

Hijo de actores -Carola Fernán Gómez y Luis Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero- comenzó a estudiar  Filosofía y Letras en Madrid. Abandonó pronto la carrera, que no pudo continuar a causa de la Guerra Civil. En el año 39, recibió clases en la Escuela de Actores de la CNT, para pasar luego a formar parte de la compañía de interpretación de Laura Pinillos, donde fue descubierto por Jardiel Poncela. Su primer papel profesional, ofrecido por Jardiel para Los ladrones somos gente honrada, se estrenó en el madrileño Teatro La Comedia en 1940.

En el año 43 fue contratado por la productora cinematográfica CIFESA. Desde entonces, no paró de trabajar y ofrecer títulos como Domingo de Carnaval (1945), Botón de ancla (1947), La mies es mucha (1948), Balarrasa (1950), Esa pareja feliz (1951), La vil seducción (1968) o Ana y los lobos (1972).

Otros títulos posteriores se sumarán a una trayectoria profesional vastísima en extensión y fiel a la buena interpretación de cientos de papeles que parecían estar hechos a su medida. Cabe mencionar las geniales El espíritu de la colmena (1973, dirigida por Víctor Erice), El amor del capitán Brando (1974, de Jaime de Armiñán), Pim, pam, pum, fuego (1975, de Pedro Olea), El anacoreta (En el 76, de Estelrich), Mamá cumple cien años (1979, de Carlos Saura), La colmena (1983, de Mario Camus), El abuelo (1998, de Garci) o La lengua de las mariposas (1999, de José Luis Cuerda), entre muchas otras.

 

Como director, oficio en el que se inició más tarde con Manicomio (1952), rodó algunas de las películas obligadas para el cine español, como Sólo para hombres (1960), La venganza de Don Mendo (1961) y El mundo sigue (1963).

Cuánto he disfrutado con ellas, la verdad. Pero si hay un título con el que me quedo, una película que vuelvo a ver con intacta emoción, esa es El extraño viaje, de 1964. Esta comedia negra con tintes de esperpéntico humor fue ya considerada una joya cinematográfica. A mi juicio es la mejor película de cuantas Fernando ha dirigido. Un filme que invita a la dura reflexión sobre nuestra esencia humana.

 

Más allá del cine, Fernán Gómez fue un gran dramaturgo contemporáneo. Buenísima su obra Las bicicletas son para el verano, que alcanzó el  Premio Nacional Lope de Vega en 1978. Además escribió once novelas, numerosos artículos y ensayos que publicó en Diario 16 y El País, así como guiones de cine y televisión.

Cuenta con siete Premios Goya, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Premio Nacional de Teatro y la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, entre los galardones que ha ido recibiendo a lo largo de los casi setenta años de producción creativa constante.

Hombre peculiar, de desmedido talento y personalidad fuerte, Fernán Gómez. fue elegido el 17 de diciembre de 1998 académico de la Lengua, ocupando la vacante del poeta y lingüista Emilio Alarcos (sillón B), ingresando el 30 de enero de 2000, como el primer actor de la Academia. Su discurso de entrada, Aventura de la palabra en el siglo XX, es uno de los mejores discursos de cuantos se han podido escuchar en tal ilustre institución.

 

Cineasta, literato, académico y gran actor, dijo una vez:

Seis, ocho millones de espectadores. Estas son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides”.

Sus obras, pasan a ser ahora sueños que nunca podremos olvidar.

No caben excusas ni filmotecas ni conmemoraciones ni reportajes… Se ha ido, a los 86 años, el último coloso, como dicen, y se ha ido para siempre.

En un extraño viaje sin regreso…

8 comentarios en “El último extraño viaje de Fernando Fernán Gómez

  1. Era entrañable. Me gustó mucho el elogio-despedida a su vida, ayer de madrugada. No sé desde cuando le guardo afecto al Señor Fernán Gómez pero sí: La lengua de las mariposas y el abuelo formaron parte de mis interiores. Se convirtieron en algo más allá…

    Saludos ~*}

    (no he visto El anacoreta, tengo que remediarlo)

  2. Una gran perdida para el cine. No he visto el extraño viaje. Si dices que es buena me fio de ti y la veré. El se ha ido pero nos quedan sus peliculas para disfrutar. sigue vivo en el recuerdo. Por cierto, que es un discurso de entrada? No entendí esa parte. Si me puedes aclarar te agradezco.

  3. Siempre queda el recuerdo y, en casos como éste, todos sus testimonios cinematográficos, que no es poco. Pero el sentimiento hace mella. Son personajes que parecen intocables, inmersos en una memoria común que los empaña de cierta invulnerabilidad. Parece que no vayan a morir nunca. Pero mueren, claro.

    El discurso de entrada de la Academia, Rojomar, es un pronunciamiento oral público que se efectúa cuando una persona ha sido admitida como miembro de la Real Academia Española. El acto de apertura de su cargo, al que acuden representantes de las instituciones y los miembros al pleno, consta de un discurso redactado y leído por el nuevo miembro, “entrante”. Aventura de la palabra en el siglo XX fue el título que Fernán Gómez escogió para su discurso, cuando entraba a ocupar el sillón B. Los puestos son vitalicios, es decir, que no quedan vacantes hasta el fallecimiento de sus respectivos ocupantes.

  4. Pues es difícil saberlo. Es difícil saber si uno ha interpretado bien esa compleja iconografía. A veces, parece que has comprendido bien una intencionalidad que de pronto se revuelve y te sorprende.

    Habrá que tener en cuenta para analizarla, la fusión que se produjo, en el imaginario de Gómez, entre la interpretación actoral, teatral digamos, y la filiación politizante que tuvo desde muy joven con el anarquismo.

    En la guerra civil, estuvo recibiendo clases en la Escuela de Actores de CNT. Es por ello muy explicable la declinación de sus discursos internos hacia temáticas e iconos sociales de rebeldía. Un ejemplo claro lo encontramos en “Las bicicletas son para el verano” o “La lengua de las mariposas”.

    También sus declaraciones y artículos dejan claro el residuo de ese “último bagaje”. El El País, llego a decir: “ hay deseos como el de la felicidad del individuo para los que los gobernantes no están programados”.

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