¿Podría haberse evitado?

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[Artículo de opinión publicado en Diario de Navarra y Diario de Noticias  el 12 de febrero de 2005]

Un día vuelves de la universidad y te enteras de que mientras tú hacías un examen, un tipo de 26 años ha pegado dos tiros con una escopeta a una chica de 22 que no quería acceder a una relación sentimental con él y se ha suicidado luego. Era 8 de febrero y ocurría a pocos metros de tu casa; mientras te concentrabas en sacar lo mejor de ti, ese chico se concentraba en sacar lo peor de sí, acabando con la vida de una chica que perfectamente podías conocer. La noticia conmocionó a los vecinos, destruyó a los padres y nos paralizó a los demás, quienes no pudimos reaccionar.

No se puede reaccionar ante algo así. Sencillamente porque la vida humana es intocable, es el valor más importante y respetable. Apenas Berta pudo mantener unos segundos de contacto visual con el peor de los ladrones con quien se toparía jamás. Nadie sospechaba, nadie esperaba, nadie comprende. Pero, ¿se podía haber evitado? Nadie mata por amor, señoras y señores. No hay amores que matan, ni crímenes por pasión; hay, ante todo, enfermedad. Enfermedad, unida a una educación fallida, como causa de tales desgracias. Ahora sabemos que el asesino intentó quitarse la vida algún día antes. Hospital, unas pastillas y a casa. Ese chico necesitó ayuda y no hubo quien se la supo o pudo dar. Era un enfermo, que asesinó. No un maltratador habitual como se ha señalado. Ese chico tenía problemas mentales que los sistemas de protección social no trataron como correspondía.

No admito frases al estilo: “un chico completamente normal ha matado inexplicablemente a una amiga”. Ninguna persona normal premedita y planifica semejante idea. ¿Es posible que tal desajuste psicológico pueda quedar hasta ese punto solapado para amigos y familiares? Sí, según los expertos. De quién es entonces la responsabilidad, me pregunto. Tienen otras cosas que hacer los políticos, parece, que mejorar el imperfecto servicio de salud mental. Es preferible perder el tiempo en lanzarse la pelota de unos a otros o discutir sobre la competencia del caso mientras los cuerpos yacen tendidos inertes. ¿Tan imprevisible puede ser una reacción así en una persona obsesiva con una depresión aguda que se ha intentado suicidar con anterioridad? La idea del rechazo perturbó hasta el fin a David Torrado, quien ya estaba enajenado.

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Este caso va, si cabe, más allá de la violencia de género. Ha sido violencia contra una mujer, pero podía haberlo sido contra un padre, un hermano o un amigo, en cualquier otro momento. Un desequilibrio psicopático, una licencia de armas sin control exhaustivo, y la conjunción de la fatalidad han robado a Berta todo lo que tenía: su vida. Pero se la han robado también a sus familiares y a los familiares del asesino, quienes cargarán a sus espaldas el resto de su vida con un doble dolor. Tan sólo busco una razón, pero no la encuentro. Un sentido a lo que no lo tiene. |En todo caso, una duda me corroe por dentro, ¿Podría haberse evitado?

16 comentarios en “¿Podría haberse evitado?

  1. El agujero en el sistema es grande. Las personas con enfermedades mentales ya no son “locos” o “pirados” ni son recluidas en un manicomio, pero tampoco son atendidas como lo necesitan. Muchas veces las familias asumen la mayor parte del proceso de ayuda a una persona con una enfermedad mental. Además hay una gran ignorancia social al respecto. Por eso es preciso buscar estrategias de atención diferentes en las que la cobertura profesional sea más amplia.

    Como queda patente con este suceso, una persona que padece cierta enfermedad mental puede llegar a asesinar a otra sin motivo aparente y sin tapujos. Sin embargo, aunque en ocasiones dé resultado, creo que en general no es suficiente para evitar este tipo de actos eso de “hospital, unas pastillas y a casa”. Si no se pone atención al contexto que envuelve a la persona, seguramente se estará soslayando el posible germen de un acto violento e indiscriminado. Del mismo modo, la necesidad de educación social entorno a la enfermedad mental es incuestionable puesto que propiciaría un ambiente más adecuado que se traduciría en el encauzamiento correcto del problema.

    Asimismo quiero subrayar que todas las personas que cometen homicidios y actos sangrientos no sufren una enfermedad mental, como mucha gente piensa. De hecho, es relativamente fácil darse cuenta de que los seres humanos somos capaces de asesinar por unas ideas, por una patria, por una religión, sin necesidad de estar mentalmente desequilibrados. Me atrevería a decir que las mencionadas han sido las causas por las que más personas han muerto a lo largo de la Historia. Todos podemos llegar a matar.

    Como reflexión última, cabe preguntarse por qué la prevalencia de enfermedades y trastornos mentales es increíblemente mayor en sociedades caracterizadas por un gran desarrollo económico y tecnológico. O incluso, cuál es el motivo de que en dichas sociedades existan trastornos que no aparecen en otras menos avanzadas económicamente. Parece tratarse de un fruto de la Modernidad. G. K. Chesterton lo tendría claro: “Loco es quien lo ha perdido todo excepto la razón”.

  2. “hay una gran ignorancia social al respecto”. Ahí tienes parte del agujero. Otra parte, más importante, es el dinero. Una tercera, tal vez la peor, corresponde al estilo de vida.

    Muy interesante la reflexión que haces sobre el mismo. Un estilo de vida, de desarrollo económico y hábitos económicos, que tiene consecuencias inapelables. Sería un gran debate.

    Ahora bien, ¿por dónde empezar? ¿Es cierto que en las sociedades menos desarrolladas en lo económico (y suele “coincidir” que en lo tecnológico, lo cultural, lo educativo, lo sanitario, etc.) hay una prevalencia menor de psicopatologías?

    Si lo es, dos cosas. La primera: buena parte de esa tendencia al trastorno habrá de relacionarse con los ideales de vida, la presión social, etc. La competitividad (que encuentra su origen en la propiedad) habrá de darnos pistas. Y la segunda: esas sociedades de las que hablas adoptarán nuestro modelo en cuanto puedan. ¿Habrá que impedírselo? ¿Sería eso justo? ¿No tenemos todos derecho a enloquecer? (perdón por la frivolidad).

    Gilbert Chesterton no consiguió que su distribucionismo le devolviese todo lo perdido, en su intento por un modelo más justo. Tal vez cuando se convirtió al cristianismo, los ecos de las encíclicas que tanto le afectaron pudieron llegar a mostrarle la “razón”, como el decía, cuando los demás están equivocados.

    Un gran escritor.

  3. Sobre la segunda cosa:

    Esas sociedades menos desarrolladas en lo económico se verán impedidas para adquirir definitivamente el modelo de los países ricos, impedidas por los propios países ricos.

    Organizarse según los parámetros del sistema de economía de mercado conlleva que existan empresas y que éstas operen sobre la base de la creencia de que el bienestar de la sociedad se obtiene de la mayor cantidad producida posible de bienes y servicios. Por tanto, a los países no desarrollados en el plano económico no se les permitirá crecer en la medida en que lo hacen los desarrollados debido a que es materialmente imposible producir y utilizar los recursos con la misma intensidad que los segundos. El planeta no da más de sí. La mayor producción de unos se vería reducida por el incipiente aumento productivo de los otros. Cómo no va a ser insostenible producir todos al mismo nivel si ya lo es que algunos produzcan a este nivel y de esta forma.

    El “Norte” tiene que parar. Aunque, tal vez, este modelo (injusto) de organización económica sea ineluctable ya. No obstante, pese a que no haya nada que pueda hacerse, “enloquecer” no dejará de ser todo lo contrario a positivo y deseable.

  4. Es cierto que los países más desarrollados impiden, en buena medida, el desarrollo de muchos otros “en desarrollo” (nótese que se habla de países “en desarrollo”, más que pobres. Es decir, retrasados en su desarrollo.) Ahora bien, por avanzar algo en el interesante debate, hemos de convenir que la cuestión es mucho más extensa y heterodoxa de lo que puede deducirse con la sentencia “El ‘Norte’ tiene que parar”.

    “es materialmente imposible producir y utilizar los recursos con la misma intensidad que los segundos”. Vale; por lo menos es imposible sin acelerar de forma vertiginosa la destrucción terráquea. Pero estamos mezclando dos temas, a saber, la destrucción del medio con el desarrollo de los países pobres. La eliminación de la pobreza ha de pasar por el crecimiento económico de dichos países. Para lograr un desarrollo de esos países, será necesario un aumento del consumo de energía en los mismos. El vínculo entre crecimiento económico y aumento del consumo de energía es directo. La consecuencia, así las cosas, será un incremento en las emisiones de dióxido de carbono.

    ¿Qué relación existe entre riqueza y contaminación? La cantidad de contaminantes (dióxido de carbono, etc.) que un país emite a la atmósfera, depende principalmente de su nivel de industrialización, el tamaño de su economía y de la eficiencia con que utiliza la energía. Si bien los países en desarrollo albergan a la mayor parte de la población mundial, su producción industrial y consumo de energía (en valores “per cápita”) son relativamente reducidos.

    Hasta hace poco, los países desarrollados eran los claros responsables del calentamiento global. Ahora existe, en mi opinión, un peligro incipiente y lógico: los principales emisores de dióxido de carbono serán los países en desarrollo, en un plazo no superior a los 25 años. Si bien el consumo de energía “per cápita” seguirá siendo muy inferior al de los países desarrollados; situación ésta que tardará mucho más de 25 años en cambiar.

    El Protocolo de Kyoto llama a todas las naciones ricas a reducir, para 2012, las emisiones de gases de efecto invernadero de un 6% a un 8% por debajo de los niveles de 1990. De cumplirse, que es difícil, no habremos solventado mucho.

    Este Protocolo no contó con la participación de los países en desarrollo, que se niegan al compromiso de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, sosteniendo que se vería dificultado su desarrollo económico, con vistas a aliviar la pobreza.

    Echa un vistazo a la situación de China (país “tercermundista”, no lo olvidemos), y a los países con economía en transición (como Rusia, Ucrania, etc.).

    Así está de complicado, estimado Judío. Por mi parte, insisto en las cuestiones de fondo. ¿Es verdad que los problemas ambientales no se pueden solucionar sin impedir el crecimiento económico de los países pobres? ¿Tenemos derecho los países ricos de limitar el desarrollo económico de los países pobres con el pretexto de la contaminación, cuando llevamos tanto tiempo explotando sus recursos y “contaminanado por nuestra cuenta”?

    Quizá la clave esté en aprovechar tecnologías de producción menos contaminantes para el desarrollo sostenible de economías emergentes. Y desde luego, un buen rapapolvos para este “Norte” tan prepotente.

    “No obstante, pese a que no haya nada que pueda hacerse, “enloquecer” no dejará de ser todo lo contrario a positivo y deseable.” De acuerdo.

    ¿Modelo de organización económica ineluctable? No hay ninguna convención política contra la que no se pueda luchar. Otra cosa es que se quiera hacer; otra cosa es que interese…

    Un saludo, amigo.

  5. Interesantisimo debate, y, desdeluego, escalofriantes los sucesos que nos comentas, amigo Luis.

    Haces varias preguntas al respecto. La principal: ¿Podría haberse evitado?

    Bien, no seré yo quien pueda darte una respuesta sencilla y mágica a esa cuestión. Supongo que si existiera, alguien ya habría dado con ella.

    De todos modos, intuyo que una vez más, y por demagógico o simple que pueda parecer, estamos frente a un problema de tipo empático. No dominamos la gestión emocional. Para mí ese es el drama de nuestra sociedad. Los unos por acción, y los otros por omisión. Aquí hay una dificultad patente para enterarse de cómo está el de al lado.

    Parece ser que necesitamos una etiquéta diagnóstica que pueda explicar el comportamiento de alguien, un valor alterado en sus analíticas o un conjunto perfectamente reconocible de síntomas en su evaluación médica, si no: ese alguien está sano. Para qué pararse a preguntar ¿Qué te pasa? ¿Cómo estas? O, simplemente, a observar más con el corazón cómo se sienten quienes nos rodean.

    Paralelamente, tambien necesitamos una medalla (o varias) en la solapa, a fin de ser “alguien” en esta sociedad. Tolerancia al fracaso igual a zero. Si ademas tenemos problemas generalizados con la autoaceptacion de la realidad de nuestro ego, por no decir la autoestima a la altura del betún…El lío está servido. ¿Para qué trabajar en cosas como la humildad para aceptar nuestros límites? No mola. Pues vale: pero igual, como sociedad, nos vendría bien que alguien nos enseñara a querernos por nosotros mismos, no por nuestros logros. Y, tal vez así no se dramatice a tal extremo que te den calabazas. Digo yo.

    Así las cosas, no es extraño que nos lamentemos demasiado tarde ante desgracias que nos acercan más a lo animal que hay en nosotros que a nuestra parte humana.

    Relativicemos la vida un poco y comprendamos más los sentimientos (própios y ajenos). Creo que esa sería una buena respuesta a la pregunta que nos formulas.

    En fin. Lamento, Luis, que te haya tocado tan de cerca la notícia. Siempre impresiona mucho más si sucede a dos esquinas de tu casa, lo cual no deja de ser frívolo a su vez.

    Un saludo,

    Airuna

  6. “No dominamos la gestión emocional. Para mí ese es el drama de nuestra sociedad.”

    Buen titular. Somos “liberados” en un mundo sin instrucciones, pero con peligros por sobredosis. Sin trucos, pero con trampas.

    Aceptar nuestros límites, comprender, reconocer, ser empáticos. Profundizar, en definitiva, sobre el qué, el por qué y el cómo. ¿Vivir por vivir? ¿Por inercia? ¿A disgusto? No, mejor pararse a pensar.

    Pensar antes de quitarse del medio. Pensar antes de llevarse rehenes que no serán liberados. Que ya no tendrán que aprender a jugar a este complejo juego.

    Un juego sin ganadores, pero con vencidos.

  7. “Pararse a pensar” díces. Y me haces reflexionar. Curiosa paradoja, ya que yo mejor diría “pararse a sentir”. Quizá haya menos distancia de la que parece entre ambos términos. Quizá no. La tiranía de la razón…la locura del sentimiento. Balance escurridizo, sobretodo para las mentes inquietas. Y, mientras tanto, la vida es eso que se vá. Con sus trampas, sus jugarretas y sus caramelos para no desfallecer en el intento.

  8. “Pararse a pensar”. “pararse a sentir”.

    Pensar. Sentir. ¿Distancia? Quizá tan curiosa paradoja que también vivimos en la tiranía del sentimiento y en la locura de la razón. (Y digo “también”.) Quizá tan complejo juego que jamás pueda ser aprendido. Aunque juguemos. La vida es eso. Pensar. Sentir.

  9. Pensar y sentir, la vida es eso.

    La razón puede tirana o esclava de los sentimientos, y éstos, qué duda cabe, subyugan a la lógica y son decapitados por la misma a su vez.

    Discutía hace poco con Judío -y con otra amiga- sobre la tiranía de los sentimientos del enamorado. Sobre cómo el enamoramiento impone sus propias reglas, definiendo un juego, casi obscuro, casi cavernario, del que no vale lección aprendida.

    Enamorarse es olvidar. Es desaprender.

    Y todo lo que uno cree haber comprendido se desvanece en lo esencial. De tal modo, que cuando vuelve a plantarse la situación, si lo hace, vuelve a rearticularse a su vez la expresión emocional. No sirve haber cumplido penitencia, o haber alcanzado cimas de madurez.

    En lo esencial, esa nueva persona dinamita los fatuos cimientos del viejo amor. Degenera, apasionadamente, lo establecido.

    El amor, como la vida, es transgresor. Y no puede ser aprendido.

    Aunque juguemos.

  10. Luís: Qué bien se viviría el enamoramiento si no fuera por la razón. Si la acallaramos un poquito, y nos deslizaramos en el tobogán de la emoción sin tener nada más en cuenta…El batacazo, si debe darse, vendría igual…pero creo que seríamos mucho más felices por el camino.
    ¿No te parece que la mitad de nuestros miedos provienen de la razón? Qué duda cabe: la lógica y su maldito “ya verás, ya verás…”
    Un saludo,
    Airu

  11. Lo que choca en ciertos momentos, puede ser agradable en otros. El enamoramiento es un bello proceso natural e incontrolable.

    La experiencia nos dice que es más rentable para el ánimo no pasar sus caprichos por el filtro racional. Las grutas que se atraviesan cuando se ama a una persona de verdad, con pasión, con agallas, merecen ser saboreadas lentamente. Procurar someter esa experiencia a la lógica cotidiana, al esquema silogístico añorado, carece de sensatez y protege una idea peor: la voluntad de acallar un sentimiento que nos puede, nos desarticula y nos vence. La voluntad involuntaria del cobarde engreído que no se atreve a amar. Porque espera, de antemano, que no le correspondan.

    La lógica no se puede aplicar en estados alterados de consciencia. Y el enamoramiento, en su renovado ardor, lo es.

    Nuestros miedos, diría yo, al contrario, proceden de la sinrazón. Nos atemoriza lo que no alcanzamos a comprender. Por ello, recurrimos ese miedo echando mano del escape, la ira o la imaginación…

    Saludos amiga.

  12. Preciosa respuesta.
    De todas maneras, creo que lo único que nos atemoriza realmente es cuaquier modo de sufrimiento. Y en el enamoramiento…pues bueno..digamos que el corazón late y la mente avisa. Ya sabemos quien gana, puesto que no hay Dios que pueda vencer a cupido, pero que vaya, diría que los miedos provienen de la razón, de la experiencia previa. Por eso el primer amor es el que suele dejar más huella: por la falta de red. O seré yo, que me complico. Podría muy bien ser.

    :)

  13. Jodido, sí, pero el amor es una gozada. Es como un juego mágico que emociona y da sentido a todo a la par que confunde y perturba. Y esto pasa precisamente cuando tratamos de controlar (racionalmente) algo de por sí incontrolable e inesperable. De ahí surgen muchos miedos. Estoy de acuerdo, Airuna, en que el sentimiento es lo más emocionante en el anamoramiento pero ¿no te parece, por ejemplo, que estar pensando todo el rato en la otra persona forma parte de lo mismo?

    Hace relativamente poco he leído a Pedro Salinas. Me parece un genial poeta que canta al amor. Un ejemplo precioso de “La voz a ti debida”:

    Los cielos son iguales
    Azules, grises, negros,
    se repiten encima
    del naranjo o la piedra:
    nos acerca mirarlos.
    Las estrellas suprimen,
    de lejanas que son,
    las distancias del mundo.
    Si queremos juntarnos,
    nunca mires delante:
    todo lleno de abismos,
    de fechas y de leguas.
    Déjate bien flotar
    sobre el mar o la hierba,
    inmóvil, cara al cielo.
    Te sentirás hundir
    despacio, hacia lo alto,
    en la vida del aire.
    Y nos encontraremos
    sobre las diferencias
    invencibles, arenas,
    rocas, años, ya solos,
    nadadores celestes,
    náufragos de los cielos.

  14. hola!

    Antes que nada, Judío, me ha gustado mucho el poema de Salinas, del que conocía otras perlas igual de espectaculares. Sabe llegar el tío ¿eh? ¡qué envidia!

    Y bueno, me preguntas:

    “¿no te parece, por ejemplo, que estar pensando todo el rato en la otra persona forma parte de lo mismo?”

    Pues no estoy yo segura de que ese “pensar” sea racional…es verdad que se está “pensando” todo el día en el otro, pero fíjate que se hace por la respuesta emocional que ello implica ¿luego qué es eso: “pensar” o “sentir” la otra persona?

    Un saludo,

    Airu

  15. Amigo Judaico,

    No creo que ese “pensar la persona amada” sea racional, como puede parecer.

    Más al contrario, considero que forma parte de la respuesta del enamoramiento; forma parte de la pasión. Es una respuesta emocional, química, maravillosa.

    La idealización de la pareja, que la deforma hasta hacerla inmejorable, te da pistas sobre el origen poco lógico del ensimismamiento del enamorado. Tengo en mente hablar sobre el enamoramiento en un artículo.

    Sobre Salinas, qué decir, es uno de los grandes, sin duda referencia en la poesía amorosa. “Poeta del alma”, que dijo de él Guillén y pieza de oro de la Generación del 27, que añado yo.

    “Sigo escombro adelante, solo, solo.
    Hollando voy los restos
    de tantas perfecciones abolidas”

    Un saludo a los dos.

  16. Es un tema que me impresiona, puesto que ese tipo de cosas, siempre terminan en tragedia, ya que quienes gobiernan y “se supone” velan por nuestra seguridad, solo actuan cuando desgraciadamente, ya es tarde.

    Es como, cuando encarcelan a alguien, se empeñan en tratar el problema, cuando ya ha comenzado a ser un problema, quiero decir, en vez de tratar a esa persona desde un principio, cuando pasa algo, le encarcelan, y durante su estancia en prisión, no recibe ningun tipo de ayuda medica o psicologica, para que una vez que salga, no cometa los mismos errores.

    Siempre igual, vamos para atras en vez de evolucionar, cuando se darán cuenta..

    Un saludo.

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