Un amor a primera vista

[Publicado originalmente en el número III de Neurona, fanzine de cultura y pensamiento] 

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Cuando dos personas se conocen (directamente o a través de una tercera) lo primero que hacen, generalmente, es presentarse. Esa tercera persona, que conoce a las otras dos, sirve de vínculo introductorio, de apéndice al que amarrarse, de soporte y lanzadera que después dejará paso a la relación que surja entre esos dos entes, independientes de su presentador e independientes entre sí. Otras veces pasarán de largo sin conocerse, sin saber que existe algo que puede unirles en el futuro. O bien se juntan, sin previo aviso. El problema entonces llega cuando dos personas (o dos realidades no personales) chocan en contacto sin una preparación anterior. En tal caso, la predisposición individual, la naturaleza y el azar se combinan en función de distintos factores, sin garantizar un encuentro fructuoso.  

Esto ocurre con la filosofía. Los más jóvenes comienzan a moverse por los inescrutables senderos del pensamiento sin que nadie les haya presentado antes, sin tener idea de qué les une, sin conocer los motivos por los que esa conexión tiene su razón de ser. El resultado: ven en la filosofía una disciplina vacua, no práctica, sin sentido alguno, compleja e ininteligible. ¿Por qué? Porque nadie les hizo comprender todo lo que la filosofía puede llegar a servirles y ellos no supieron verlo por sí mismos. A quienes no son tan jóvenes, les ocurre algo parecido, con la diferencia de que ellos sienten que no necesitan presentaciones y sencillamente la relación no prometía, no era un buen partido. Eso, o quizá fuese un partido bonito para ser jugado en los ratos libres, en momentos de pretérito ocio idealista y juvenil, que pierde peso y relevancia cuando sucumbe ante la vorágine del día a día, la imposición de la vida material y su innegable poder aplastante.

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A pesar de ello, existen hombres y mujeres que no se resignan al abandono del estudio más exigente, y como lechuzas vuelan contracorriente en un placentero viaje solitario, parando de cuando en cuando para comer algo, hacer un nido y tomar contacto con la tierra. Para lo que buscan un trabajo, que, si tiene que ver con los altos vuelos a los que ya no pueden renunciar, servirá de tentempié contemporáneo y calmará el dolor que padecen al tener que soportar el acérrimo desinterés que su dedicación inspira en los demás.

La filosofía, madre del resto de saberes, es vista por tanto como una pesada carga que hay que aprobar, un curioso e improductivo pasatiempo en situaciones de esporádica calma o la dedicación de tres o cuatro locos que viven a un palmo del suelo y no terminan de darse cuenta de qué es en realidad la vida.

Y todo porque nadie les ha presentado como ambas partes se merecen o la persona en cuestión no ha tenido la capacidad o el valor de afrontar esa invitación que alguna vez sintió en su interior y que es para toda la vida. ¿Creéis en el amor a primera vista?

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11 comentarios en “Un amor a primera vista

  1. Hola Luís!

    Sí, creo en el amor a primera vista. Incluso te diría a primera lectura. Tus línias me enamoraron en cuanto las descubrí. Te lo dije entonces y te lo repito ahora.

    Permíteme la licencia, te voy a hacer una confesión desde el más profundo respeto: ¿Sabes qué opino? Que tarde o temprano acabarás siendo profesor de algo. Digo profesor por no decir catedratico. Y pienso tambien que bordarás tu labor. Tienes una capacidad de comunicación y empatía, que seguramente ya la habrías tu deseado en muchos de tus docentes ¿no? Creo que harás de buen “presentador” entre el saber y los alumnos, y que como cupido intelectual serás la rehostia. Al tiempo.

    Besos mil,

    Núria

  2. Me ha gustado mucho el artículo este, dan ganas de ponerse a leer filosofia. Yo también creo que hay personas o cosas que enamoran a primera vista y no puedes evitar sentirte atraido por ello.

    Salut.

  3. Yo creo que no todas las personas han recibido esa invitación ni la recibirán nunca. No todos pueden hacer filosofía, no se trata de amor sino de valía.

    Un saludo, Pedro.

  4. ¡Hola! Es la primera vez que dejo un comentario en tu blog, aunque no es la primera vez que te leo. Llego aquí por sugerencia de una tercera persona.
    No sé si alguna vez me he enamorado a primera vista. Si el objeto del arrebato fue una persona, de verdad, no me acuerdo. Sí recuerdo cómo me enamoré de la filosofía. Fue en 1º de Bachillerato. Poco a poco, sin aviso, llegué a enamorarme tanto de ella que incluso lloraba por no poder seguirla hasta el final. Ha sido el amor más romántico de mi vida.
    El romanticismo ya pasó y ha dejado paso a una relación tensa, por momentos. Tal vez descubrí que con el amor no valía. Tal vez yo no estoy a la altura. En cualquier caso, nuestra relación viene durando ya 9 años. No se ha portado mal conmigo. Se la presento a otros chavales de 1º de Bachillerato todos los días en un Instituo de Secundaria. El problema es que nunca he sido buena celestina.
    Si te apetece descubrir las vicisitudes de la docencia de la Filosofía o si quieres aconsejarme en la dura tarea de propiciar enamoramientos, puedes encontrar mi correo electrónico en mi blog.
    Saludos.

  5. Yo creo, estatua del jardín botánico, que no se puede hacer que nadie se enamore, que se enamora una y ya está, que no hay nada que pueda cambiar eso. Por eso, igual es mejordejar que la gente se enamore o no se enamore y ya está.

    Besos y enhorabuena por los debates de esta página a todas.

  6. Núria,

    Creo que tus palabras son el mejor revitalizante. Es cierto que me confesaste en su día lo que dices. Y me honra.

    Ya en mi familia, así como muchos de los profesores que he tenido (buenos y malos), me han intentado seducir con la idea de la docencia.

    Por el momento puedo decir que es una idea que no descarto. De hacerse realidad, me gustaría ser profesor universitario. Sea como sea, fuera o dentro de las aulas, valoro la comunicación como la esencia humana y sé que me dedicaré a ello. Me encanta comunicar, escribir, dar charlas, conversar durante horas…

    Puede que termine por escoger un camino o combinar varios. La idea de presentador del “saber” es harto sugerente.

    Al tiempo, besos para ti.

  7. Bienvenida, Estatua del jardín botánico,

    Me alegra que hayas roto el silencio para participar. Y me reconforta que todavía hoy, en este mundo más bien de praxis, podamos encontrarnos con personas enamoradas de la filosofía. Por lo visto lo tuyo también fue un flechazo.

    Dices “El romanticismo ya pasó y ha dejado paso a una relación tensa, por momentos. Tal vez descubrí que con el amor no valía.”

    Siguiendo con el símil, la pasión no es suficiente cuando el tiempo pasa y se calman los primeros calores, lo dice la experiencia. Hay que sustentar la relación en algo más duradero y seguro que el arrebato inicial. Para ello hay que aprender a convivir, no basta con vivir. En ese punto es donde muchas personas rompen la relación y la dan por perdida.

    Hablo a menudo con una antigua profesora de mía de filosofía, que sigue dando clases a los alumnos y alumnas de secundaria de mi ex-colegio. Me dice a menudo que su día a día es una lucha; lucha por hacer pensar y reflexionar a los jóvenes, lucha por crear aspiraciones elevadas, lucha por motivar y educar en el esfuerzo, la disciplina y la ilusión. “Casi nada -le digo en broma-, tú pides demasiado.”

    Te sonará familiar, supongo. No puedo más que animarte y darte la enhorabuena por tu trabajo, cada vez más en descrédito.

    Me pasaré por tu blog,

    Saludos.

  8. Es el búho de Minerva, Mar, je, je…, que levanta el vuelo antes del amanecer…

    “Povera e nuda vai philosophia…”. No sé si cito bien. En una ocasión, en clase de antropología filosófica un profesor mío dijo algo así como: “la filosofía no sirve para nada: he ahí su grandeza”. Creo que, como las grandes pasiones o los grandes sentimientos, e independientemente del proceso de maduración de los mismos (en que no voy a entrar ahora), la filosofía pertence a ese grupo de cosas, consustanciales al ser humano racional, vivencial y sensible que, sin tener un claro componente práctico (lo tienen, pero eso se suele ver en el proceso de maduración antes aludido), de algún modo no podemos vivir sin ellas.

    Al menos yo…

  9. Te voy a dar la razón Francisco y aún trataré de ir más allá.
    La filosofía tiene un componente práctico y, sin esa practicidad no tiene razón de ser porque se convierte en un simple ejercicio intelectual.

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