Catástrofe silenciosa en la Unión de Myanmar

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Mi estancia por un par de semanas en París me ha separado del blog, de la redacción de artículos y la respuesta a vuestros comentarios, lectores y lectoras. Sin embargo, en un mundo global como es el nuestro, no puede obviarse una noticia de tal magnitud como la acontecida el 4 de mayo de 2008 en la antigua Birmania (llamada ahora Myanmar). Yo la seguí a través de la prensa y televisión francesas. Desde la ciudad de la luz fui testigo angustiado por la impotencia y el dolor. Será sobre lo primero que escriba al llegar a España, pensé.

Y así lo hago, a renglón seguido, saludando antes de nuevo a cuantos me seguís, amigos y conocidos, almas anónimas, cómplices y disidentes, a través de este sitio.

Más allá de toda veleidad colectiva o individual, de falsos desmanes políticos y pretensiones de normalidad, el desastre político y humano que sufre la población birmana afectada por el ciclón ‘Nargis’ es de inimaginable alcance. Las montañas de cadáveres dejan negras y pestilentes columnas de humo, que se elevan cada veinte o treinta metros cerca del delta del río Irrawady, junto a los viejos arrozales, mientras decenas de miles de personas vagan sin rumbo, sin hogar y sin familia, entre la desesperante muchedumbre malherida.

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Cruda realidad y poca información la que nos llega, con cuentagotas, filtrada por las escasas ranuras que escapan al bloqueo de datos que mantiene en vilo a la prensa mundial. Más de 100.000 muertos se cuentan tras los efectos del ciclón. Los imperativos de ayuda internacional no son atendidos y, mucho más allá, encuentran fuerte resistencia por parte de la Junta Militar de Birmania, que puede haberse apropiado de varios cargamento de ayuda humanitaria destinada a los millones de habitantes damnificados.

La ONU, que ha solicitado recientemente 187 millones de dólares (120 millones de euros) a la comunidad internacional para proporcionar ayuda urgente, denuncia una negativa a dar visados a su personal -para colaborar con las tareas de emergencia-, sin precedentes. Según la Oficina de Coordinación de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA) los productos más necesarios son alimentos, tiendas de plástico, material para purificar agua, recipientes de agua, equipos de cocina, telas mosquiteras y material médico de urgencia, ante las incipientes infecciones.

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Pero gran parte del material y del dinero destinados a tal efecto pueden no llegar nunca o, de hacerlo, toparse con serias dificultades para llegar a la zona del delta del Irrawady, epicentro del tifón

Se considera, según informes externos a la Junta, que uno de los principales problemas para distribuir la ayuda será el daño sufrido en las vías de comunicación de la zona de delta del río Irrawaddy, donde se halla la poblada ciudad de Rangún, capital oficial hasta 2005 (categoría ocupada actualmente por Naypyidaw). 

El plan de acción para abordar la creciente crisis a la que se enfrenta la población, que incluye una serie de acciones (como facilitar la concesión de visados, así como obtener permisos para el paso de la ayuda por la aduanas) se hace incompatible en la práctica gracias a la negligente e inmoral actitud de un gobierno que se niega a facilitar la masiva operación de ayuda y entorpece o niega el acceso a las zonas afectadas para el personal humanitario extranjero.

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La Junta militar birmana refiere en comunicados su “independencia” para reafirmar que está en condiciones de gestionar la ayuda según crea conveniente. Para los dictadores militares, la catástrofe no parece de suficiente escala como para dejar a un lado la politización corrupta de un país pleno de recursos naturales y de injusticia.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, enviará a Birmania con prontitud al máximo responsable de la organización para Asuntos Humanitarios, John Holmes, con el fin de que intente acelerar la distribución de ayuda a las víctimas del ciclón Nargis.

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Mientras esto ocurre, el “recto” funcionamiento de los órganos de control juega su papel, en normalidad haciendo prisioneros a cualquier opositor del régimen, y bajo catástrofe natural a la vista de la situación, contribuyendo a la muerte y el sufrimiento de personas cuyo azar ha dispuesto un forzado destierro.

Y un debate está ya encima de la mesa: ¿Sería legítimo invadir militarmente Myanmar, desde la ONU, con el propósito de hacer llegar la ayuda a la fuerza, aún sin permiso del Gobierno militar?

Inundaciones, poblados sumergidos en el agua, cadáveres flotando en lo que antes fueron carreteras, casas y árboles derrumbados, lloros y gritos en la oscuridad, vivos quemando a muertos y un silencio que habla por sí solo.

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2 comentarios en “Catástrofe silenciosa en la Unión de Myanmar

  1. Es muy triste, y la juntá falló en no alertar a la población porque sabían que el huracán estaba viniendo. Como odio la junta militar de Myanmar.

    Luis como estas? Espero que estés bien, ya que no escuche nada mas de ti. Revisite mi ultimo email que he enviado como en diciembre o enero? cuidate y saludos a tu hermana y tur padres!!!! un abrazo.

  2. No sabia que en Birmania hubiese una dictadura desde hace tanto tiempo. Los medios no nos informan de todo, solo un poco, ¿te parece casualidad luis?

    felicidades por tu cerebro tan rapido, quien lo tuviera..

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