Ciencia y fe (crítica a un artículo de J. I. Ruiz Aldaz)

 

[Artículo de opinión publicado en Diario de Navarra, el 3 de julio de 2008]

El presente texto es una critica del artículo ¿Apertura o estrechez de la razón?, de Juan Ignacio Ruiz Aldaz (prof. de teología de la Universidad de Navarra), publicado el 23 de junio de 2008.

Planteo aquí una brevísima crítica sobre el artículo de Juan Ignacio Ruiz Aldaz, titulado ¿Apertura o estrechez de la razón?, que Diario de Navarra publicó el lunes 23 de junio.

A mi juicio, el profesor comete deliberados despistes retóricos, con fines seguramente persuasivos, construyendo un texto que oscurece más que aclarar. El conflicto entre ciencias y fe es bien antiguo. Correctamente entendidas, a ambas les corresponden campos diferentes del saber humano –hasta aquí de acuerdo-, si bien, dado el estado actual de las primeras, el problema sólo puede resolverse mediante una demarcación de “jurisdicciones” o áreas en las que cada una sea soberana, dejando de lado los vanos intentos de conciliación que ofrecen como único resultado la humillación de las ciencias y la insatisfacción de la fe.

Según el autor, el materialismo es una “mala filosofía que consiste en extrapolar los datos de una ciencia a toda la realidad”.
Además de reducir erróneamente las corrientes materialistas a sus distintos formalismos (corporeísmos, etc.), el profesor se mueve en una corriente metafísica de extremos -coherente no obstante dentro de su esquema-, pretendiendo que existan la Verdad, la Sabiduría o el Amor en abstracto, más allá de sus determinaciones positivas y particulares. Si aludimos a la posición nominalista de género de Occam, habremos de reconocer que los universales abstractos son pura metafísica, pues sólo pueden manifestarse, y no desde luego por convención, en los objetos corpóreos. Será mala precisamente una filosofía que apela a la razón en abstracto, abordando los problemas del conocimiento desde una postura acrítica y dogmática.

Tal proceder, lleva al autor a concluir el artículo con una frívola alternativa: “O existencia de Dios o renuncia a la racionalidad”. Supongo que sólo desde esa indefinida y confusa “racionalidad amplia” a la que hace referencia el profesor de la Universidad de Navarra puede admitirse una proposición que, lejos de significar una apertura de la razón, adolece de fallos graves de lógica, evidenciando todo el sistema de principios en que se basa.

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11 comentarios en “Ciencia y fe (crítica a un artículo de J. I. Ruiz Aldaz)

  1. Estimado Luis,

    Me gustaría felicitarte por tu blog de impecable calidad y por tantos artículos interesantes que aquí has publicado. Con tiempo y detenimiento leeré todo lo pueda.

    Además de que este sacerdote, en dicho artículo lleva a cabo una serie de afirmaciones tanto tautológicas como falaces y, lo que es más “grave”, también tiene implícito un interés de confundir (ahora gusta llamarlo “confusionismo”, pero como muchas veces por malas pronunciaciones me ha llevado a apuntar “confucianismo”- de Confucio – le tengo cierta ojeriza). Divagaciones demagogas como la grandiosa “Es legítimo salir de casa con un metro. Quien lo haga, puede volver a casa con muchas medidas muy exactas, pero no puede pretender decir que en el mundo no hay nada más que medidas.” dejan claro cuál es la intención del autor del texto respecto a ese público al que parece dirigirse.

    Manipulando obras filosóficas que, si bien corregidas hoy, no puede negárseles la categoría “de primer orden” lleva a d. Ignacio Ruiz, en un artículo tan pequeño, a una verdadera sofística para confundir al público lector, haciéndole identificar involuntariamente “cientificismo” y “materialismo”, “corporeísmo” y materialismo”, &c. y a llevar a cabo gratuitas afirmaciones como, p.ej, “Pero en el fondo se sostiene que una, la fe religiosa, es irracional y está destinada a desaparecer ante el empuje de las ciencias” (eso lo dice él)

    Tantos recursos estéticos y tantas palabras tan hermosas no sirven de nada porque, al final, no ha dicho nada; o al menos, nada nuevo “más acá del horizonte de las focas”. Por falta de tiempo no puedo deternerme ahora con todas las contradicciones de este señor, y además, tú lo has hecho inmejorablemente.

    Un cordial saludo

  2. Querido Luis,

    Demasiado tiempo alejada de estos lares virtuales, pero, me agrada comprobar que la calidad no mengua. También he de pasarme por el foro. Soy como Berlín, lo único constante en mí es el cambio. Es un serio problema…
    Desde luego, hay mucho que decir sobre este artículo. Me gustaría destacar algo, y es que el autor afirma lo siguiente:
    “Los físicos hacen muy bien en buscar leyes que expliquen cada vez mejor la actividad de la materia. Pero el método de la física no permite decir que todo en la realidad son leyes materiales”
    “Los físicos” no hablan en nombre de “la física” para afirmar tal hipótesis porque una ciencia no debe hacerlo sin pruebas. Y, ciencia a parte, es muy fácil afirmar algo que no se puede probar, y apelar a la fe (en el mejor de los casos) para que sea considerado verdadero.
    Yo suelo pensar que ningún ser humano es capaz de acceder a ciertos saberes (por mucho que estudie e investigue), necesarios para afirmar rotundamente determinadas cuestiones. Para mí, un ejemplo muy fácil de esto es que, si tú mismo profundizas en el porqué de que te guste un determinado tipo de música, siempre llegarás a un porqué que no sabrás responder (a parte de que, de camino, puede que respondas a alguno de manera incorrecta). Y, por mucho que estés toda tu vida estudiándo e investigando sobre esto, no llegarás a una conclusión, pues no encontrarás todas las variables que hayan podido influir. Puede parecer simplista, pero es algo muy reflexionado y, en mi opinión, algo menos simplista que decir que algo es 100% veraz sin poder demostrarlo.
    Hace tiempo que no juzgo duramente (no me creo sabedora de tanto)… Pero, cuando alguien (en este caso el tal Juan Ignacio), parace creer probar algo con un simple artículo (encima demagogo), algo se me remueve por dentro…

    Un abrazo y me despido con ganas de objeciones.

  3. María,

    Me alegra tenerte de nuevo por aquí. La calidad no ha menguado, o en eso confío yo. Lo que sí ha menguado es la periodicidad con la que antes escribía y publicaba artículos aquí, en mi casa. Los motivos son muchos, pero se resúmen con una palabra: hiperactividad en varios frentes. Ya sabes, no paro quieto.

    Dices que lo único constante en ti es el cambio. Eso pensaba Heráclito del mundo. Todo fluye (πάντα ρει) y nada permance, salvo el devenir en constante transformación…

    “[…] es muy fácil afirmar algo que no se puede probar, y apelar a la fe (en el mejor de los casos) para que sea considerado verdadero.”

    Coincido con ello. Lo que me llevó a criticar el artículo del profesor Aldaz fue la tosca incorporación en un mismo conjunto de diversas corrientes filosóficas, para desprestigiar -haciendo uso de alegorías casi bíblicas- las “filosofías materialistas”. Él es licenciado en filosofía y creo que, aunque nunca estará de acuerdo conmigo, comprenderá que la idea de “razón” no puede ser escudo de intereses dialécticos al buen tuntún.

    Hay, desde luego, unos límites insuperables en lo que podemos hacer. Pero también está limitado lo que podemos llegar a saber. En física se habla de los teoremas de imposibilidad para denominar a los límites absolutos, las metas que no se pueden alcanzar -en el terreno de conocimiento- por principio. Son áreas de las que no cabe aguardar un conocimiento absoluto, ni siquiera completo.

    Sería buen tema para un artículo, ¿no crees?

    Dices al terminar: “algo se me remueve por dentro…”. Entonces, añado yo, la cosa marcha.

    Un abrazo
    (y no te preocupes por las faltas)

  4. Hola compañeros,

    Tan sólo quería apuntar un breve comentario para puntualizar algo que has dicho, María. Realmente quiero matizar el ejemplo que has puesto sobre la música, por lo que este comentario es muy lateral con respecto al tema central de discusión. Estoy de acuerdo con que existen cuestiones que seguramente sean inaccesibles, cognoscitivamente hablando, para cualquier ser humano. Dices que el hecho de que nos guste determinada música es un buen ejemplo de algo para lo que realmente no tenemos una respuesta acertada. Pues bien, creo que la música no es un claro ejemplo. Es lo único que pretendo decir con este comentario.

    El sesgo sociológico que padezco me ha llevado inmediatamente a pensar en un libro de Pierre Bourdieu, que por cierto no he leído (lo que tal vez resta un poco de autoridad a mis palabras), pero del conozco resumidamente el contenido. Se trata de una de las obras más importantes de la Sociología contemporánea, de hecho, en el Congreso Mundial de Sociología de Montreal en 1998, los sociólogos allá presentes la colocaron en sexta posición dentro del rango de los libros de Sociología más influyentes del siglo XX. Se titula “La distinción” y su subtítulo en la traducción española es revelador: “Criterios y bases sociales del gusto”. (El original es “La Distinction. Critique sociale du jugement”). La tesis central, nada extravagante, viene a ser que el gusto, factor que explica muchos aspectos de la interacción social cotidiana, pese a parecer una cuestión completamente subjetiva e individual, está socialmente condicionado en función de los estilos de vida, del capital económico, social y cultural. Curiosamente, por ejemplo, las personas o grupos marginados no escuchan Bach o Palestrina y las élites culturales no escuchan Manolo Kabezabolo o Reincidentes. Claro que tal condicionamiento o, incluso, en muchos casos, determinación, no explica la totalidad de variables que influyen en los gustos sociales ni mucho menos da cuenta del gusto personal de un individuo. Por esto es un estudio sociológico, o mejor, psicosociológico.

    Según entiendo, tú te refieres al conocimiento o control de todos los factores influyentes en la modelación del gusto personal, individual.

    ” […] si tú mismo profundizas en el porqué de que te guste un determinado tipo de música, siempre llegarás a un porqué que no sabrás responder (a parte de que, de camino, puede que respondas a alguno de manera incorrecta).”

    En lo primero te doy toda la razón, es imposible conocer perfectamente qué ha configurado tu gusto por determinado tipo de música, más aún, tampoco los gustos sociales (el gusto como fenómeno social) se pueden definir al milimetro sino, simplemente, señalar tendencias sociales que pueden darles una explicación más o menos consistente o satisfactoria, pero nunca definitiva. De eso se ocupa la Sociología precisamente. No obstante, aun siendo un conocimiento parcial sobre la realidad, no deja de ser un conocimiento correcto y epistemológicamente consistente.

    Un saludo y siento haberme alargado tanto al final.

  5. Hola Judío,

    Solo decirte que entiendo lo que explicas, pero, pienso que en realidad afirmas lo mismo que yo en relación a mi ejemplo, pues pretendía con este mostrar, como tú mismo señalas, que “es imposible conocer perfectamente qué ha configurado tu gusto por determinado tipo de música”.

    Como bien dices Luis: “Hay, desde luego, unos límites insuperables en lo que podemos hacer. Pero también está limitado lo que podemos llegar a saber”.
    Coincido también contigo en que es buen tema para un artículo. En relación a este, Luis, me gustaría que vieses un documental y lo comentásemos. Se titula “¿¡Y tú qué sabes!?” y ha sido muy criticado por la comunidad científica. Extraje de este ideas muy interesantes, lo cual no significa que crea en todo lo que se plantea, aunque me gusta la idea de que cosas como estas, sean posibles (minuto 1:15 al 6:10):

    ¿Qué piensas al respecto?

    Un abrazo y siento mucho lo de tu tío abuelo. Por lo que cuentas en tu artículo, parece que vivió intensamente y luchó en defensa de la cultura, lo cual le honra.

  6. Estimados María y Judío,

    Creo comprender lo que María quiere decir, pero sin embargo debo aclarar que cuando yo hablo de límites insuperables en lo que podemos hacer y saber no me refiero a la práctica imposibilidad de determinar todos los factores, parámetros e influencias de un hecho concreto.

    En esa línea, Judío lo expresa bien cuando dice que: “aun siendo un conocimiento parcial sobre la realidad, no deja de ser un conocimiento correcto y epistemológicamente consistente”. Es claro. Por ejemplo, sabemos qué es el cáncer de pulmón, qué agentes lo causan en la mayoría de los casos, cómo se trata y qué lesiones ocasiona en el organismo. No obstante, no se pueden determinar con certeza cuáles de los factores de riesgo han desencadenado la enfermedad en el paciente X, cuánto vivirá o si podrá curarse con cierta intervención. ¿Le hizo más daño el tabaco que fumó durante unos años o el humo respirado a lo largo de décadas en las grandes avenidas de Madrid? ¿Hasta qué punto condicionaron la aparición de la enfermedad los genes o el ambiente? ¿En qué porcentaje? Esto no puede saberse en ningún caso, y aplicaríamos al ejemplo que pongo lo que dice María:

    “… ningún ser humano es capaz de acceder a ciertos saberes (por mucho que estudie e investigue), necesarios para afirmar rotundamente determinadas cuestiones”.

    Sin embargo, la imposibilidad de conocer todos y cada uno de los parámetros que intervienen en el hecho no desestima que, de facto, hayamos accedido plenamente al saber (siempre en progresión y perfeccionamiento) de la medicina oncológica. Que en el futuro podamos saber qué humo hizo más daño (mi ejemplo) o incluso el porcentaje de determinación genética que causó el cáncer depende sólo del avance de la tecnología, del dinero que se invierta y del trabajo intelectual de científicos talentosos durante un cierto periodo de tiempo. Ese saber puede llegar a ser rotundo.

    Los límites insuperables son los que no pueden ser superados, valga la perogrullada. No son los que hoy en día no se han superado, sino los que nunca podrán llegar a hacerlo, en este mundo y con nuestra estructura biológica, psíquica, racional, física, dimensional, etc. Hablaré de ello en un artículo.

    Dice María:

    “Y, por mucho que estés toda tu vida estudiándo e investigando sobre esto, no llegarás a una conclusión, pues no encontrarás todas las variables que hayan podido influir.”

    Puede llegarse a una conclusión que consista precisamente en definir los factores que intervienen en el gusto musical de una persona. En qué medida lo hace cada uno, ¿quién puede saberlo?

    “es imposible conocer perfectamente qué ha configurado tu gusto por determinado tipo de música”. Eso sí, de acuerdo.

    Abrazos a los dos.

  7. Gracias Luis,
    Emplear la palabra “variables” quizá no era lo más correcto, al menos sin ir acompañada de algunas otras… Lo que afirma Judío con la frase que señalas es menos concreto y/pero expresa correctamente lo que yo quería transmitir.
    P.D.: Viernes 12, 20h, Sala de Grados, Departamento de Agrónomos, UPNA: pequeño concierto del Ensemble Vocal Moderno. Advertirte, por si te animas a venir, de que no estamos muy preparados aún, pero, hemos decidido hacerlo (el primero que íbamos a dar estaba previsto para finales de marzo) porque se nos va un compañero de Erasmus. Si no pudieses, que sepas que más adelante habrá más (y mejor, seguramente jeje).
    Un abrazo.

  8. Hola, Luis:

    Volviendo un poco al artículo de Juan Ignacio, efectivamente, lo más criticable es justo lo que tú señalas y conforme lo iba leyendo iba viendo por dónde iba a ir tu crítica. Efectivamente, el autor cae en franco reduccionismo al hablar del materialismo filosófico en los términos en que lo hace. y en cuanto a la última expresión (“o existencia de Dios o renuncia a la racionalidad”), francamente (y pese al contenido de su argumentación) no termino de ver el sentido de esas dos proposiciones como algo excluyente; no veo el planteamiento de dos proposiciones excluyentes: ni por Dios existir ha de haber una renuncia del hombre al uso de su razón (fundamento de la teología como disciplina) ni por el hombre usar su razón está negando de entrada la existencia de Dios. Plantear ambas como incompatibles o excluyentes es “cepillarse” (perdón por la expresión) el artículo entero. A lo mejor si hubiese dicho “o existencia de Dios o primacía de la razón”, bueno, seguiría sin ser del todo el debate pero nos iríamos acercando.

    En fin…comentarios…

  9. Bueno, he releído un poco el final del artículo… Si lo que el autor pretende defender es que o afirmamos que Dios existe o hemos de renunciar a la racionalidad, sigo pensando que es posible un uso de la razón (más o menos afortunado) apartado de la existencia de Dios (o de la afirmación de la misma). Creo que el autor está entonando un canto a la teología, haciendo resaltar la primacía de la fe, como no puede ser de otro modo cuando el que habla es sacerdote. Y qué duda cabe que la teología enriquece el debate sobre la ciencia, la filosofía, Dios o la razón, aunque sólo sea como modo de seguir desbrozando epistemológicamente los diversos saberes y disciplinas y las cuestiones a las que responde cada planteamiento gnoseológico en concreto.

    Todo es bueno para el debate y no creo que haya que polarizar las cuestiones hacia un lado u otro de la balanza. Ni hemos de renunciar a la razón por la fe en Dios (ciencia, filosofía, etc…) ni hemos de renunciar a Dios por cultivar la razón o en la ciencia (teología). Ambos planteamientos se necesitan y no creo que plantear servilismos o reduccionismos que rompan la armonía epistemológica de ambas corrientes ayude en absoluto al debate.

  10. LA CIENCIA NACIO EN LA ANTIGUA GRECIA, CUANDO LOS FILÓSOFOS DESCUBRIERON QUE LA TIERRA ERA PARTE DEL COSMOS, ESTO FUE A PARTIR DEL GRIEGO THALES, Y SIGUIO HASTA LA GRIEGA HYPATIA EN EL SIGLO IV DE NUESTRA ERA. HYPATIA FUE ASESINADA POR EL CRISTIANISMO. TENDRIA QUE COMENZAR AHI, EL AÑO 0. LA CIVILIZACION DE LA ANTIGUA GRECIA FUE LA UNICA DE LA HISTORIA, QUE PUDO SALIR DE LA CAVERNA DE LAS RELIGIONES. COMO SON EL MEJOR NEGOCIO, SIEMPRE VA A HACER RELIGIONES, PORQUE VENDEN UNA SUPUESTA INMORTALIDAD, QUE NADIE PUEDO COMPROBAR, PORQUE HASTA EL SUPUESTO MESIAS, ES UN MITO.

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