Sobre la erradicación de bombas de racimo y la postura de España

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Va llegando la afortunada hora de replantearse el instrumental militar que se utiliza en los conflictos bélicos. Si hace diez años se firmó la Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonales y sobre su Destrucción (1 de marzo de 1999), consiguiéndose un descenso en la producción de minas y la cantidad de víctimas causadas por ellas, el pasado 3 y 4 de diciembre de 2008 tuvo lugar la Convención sobre las Bombas de Racimo, firmada en Oslo, que prohíbe la fabricación, almacenamiento, venta y uso de este armamento.

 

Sobre las bombas de racimo

Las bombas de racimo, en sus distintos modelos, son un tipo de proyectil que persigue un claro fin: el mayor daño posible en territorio enemigo de difícil acceso. La ventaja militar es que permite prescindir de tropas de tierra. No obstante, la realidad de su resultado tiene una siniestra cara. La causa por la que su uso se considera -con razón- despiadado, es que afecta gravemente -mutilando y matando- a un blanco poco ofensivo: la población civil, que sufrirá las consecuencias del ataque durante mucho tiempo después de la finalización del conflicto.

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Cada bomba de racimo (o “clúster”) se compone de un artefacto o contenedor que puede ser lanzado desde tierra, aire o mar y que libera, durante su trayectoria, varias decenas o centenares de municiones pequeñas (del tamaño de latas de refresco) en un radio extenso. En teoría los artefactos debieran estallar al impactar contra el suelo. En la práctica no lo hacen en buena parte. Aproximadamente un 30% de las pequeñas bombas no detona en el acto, germinando un peligro latente, que ha causado decenas de miles de muertos.

Más allá de las muertes directas que se producen durante el enfrentamiento militar y años siguientes (todavía mueren en Laos, 30 años después de la guerra, dos personas al mes a causa de submuniciones sin explotar en su día) las bombas de racimo producen una debacle socioeconómico de las poblaciones que habitan las zonas bombardeadas, al verse impedido un desarrollo de infraestructuras (como carreteras, granjas, accesos a hospitales y escuelas), lo que genera daños de difícil arreglo.

Conflictos recientes como Kosovo (1999), Afganistán (2001), Irak (2003) y Líbano (2006), han servido de escenario para la utilización del armamento. Sin embargo, las cosas pueden ser distintas de ahora en adelante.

 

¿Qué ha cambiado?

A partir de la citada Convención de Oslo (cuyo proceso comenzó en febrero de 2007), estados miembro de la OTAN como Reino Unido, Francia, Alemania o España, y gran parte de los países de Hispanoamérica se comprometen a paralizar la producción de inmediato y a destruir las bombas existentes en un plazo máximo de 12 años. La Convención, ya ratificada, fue aprobada el pasado 30 de mayo en la Conferencia Diplomática de Dublín.

Sosteniendo que la decisión es fundamental y positiva, un punto negro acecha: no está apoyado por los principales fabricantes y consumidores de estas bombas, como son Estados Unidos, Rusia, China, Israel, India y Pakistán.

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¿Cuál ha sido la postura de España al respecto?

España, productor de bombas de este tipo hasta hace unos meses, se suma a la Convención, señalando que la fabricación se detiene de inmediato y que las municiones existentes serán destruidas. Carme Chacón, ministra de Defensa, ha propagado a los cuatro vientos un mensaje, más propagandístico que sereno, de apresurada acción.

Chacón anunció el 2 de diciembre, en una visita a la empresa Fabricaciones Extremeñas (FAEX, empresa encargada de llevar a cabo la eliminación de los explosivos) en El Gordo (Cáceres), que España habrá “desmilitarizado su arsenal de bombas de racimo dentro de siete meses”. Pero no fue así desde un principio, como afirma la portavoz de Defensa del Partido Popular, Beatriz Rodríguez-Salmones:

nos sorprendió oír decir a la ministra que iba a ser pionera, cuando España había presentando una enmienda para seguir fabricando. No se puede pasar de ser país enmendante a país pionero.

Según la ministra, en junio de 2009 “sólo quedarán en nuestros arsenales aquellas bombas estrictamente necesarias para que nuestros zapadores e ingenieros aprendan a desactivarlas”. Así, España se anticipa a los plazos formales establecidos en el Tratado, lo que supondrá un gasto estimado de 5 millones de euros.

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La empresa FAEX, según fuentes oficiales, destruirá “más de 5.500 municiones de racimo, de las que unas 4.600 son granadas de mortero de fabricación española, 600 son bombas de racimo estadounidenses y las 400 restantes son bombas antipistas elaboradas también en España.”

 

El futuro

Quedan ahora muchas dudas en el aire. ¿Tendrá la ministra Chacón tiempo y dinero para cumplir su propósito? ¿Será efectivo el Tratado, dado que las mayores potencias militares no lo han firmado? ¿Será posible controlar que los países involucrados no sigan fabricando armas de este tipo?

Habrá que esperar un tiempo para comprobar hasta dónde llega el interés realmente existente en poner freno a la utilización de un armamento que no discrimina entre blancos civiles y militares y cuya fabricación y perfeccionamiento han sido generosamente financiados y rentabilizados tanto por gobiernos como por la industria privada.

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Un comentario en “Sobre la erradicación de bombas de racimo y la postura de España

  1. Hola, un saludo de parte de una persona que lleva algun tiempillo visitando este blog, ya que algunas veces toca temas de mi interes. Parece que este es uno de ellos.
    Me parece que caes en unos topicos que no es aconsejable caer en ellos, porque hablar de armas inhumanas hablando de armas… chico que quieres que te diga. me acuerdo de una anectoda en la I Guerra Mundial, cuando cierta personaje famosa de la epoca preguntaba a un medico en el frente sobre la inhumanidad de las armas quimicas. la respuesta que no me la se textualmente decia algo hasi como como viendo jovenes con heridas horrorosas de sharpnells, explosiones etc.. eran armas humanas y no las quimicas cuando (era el comienzo de la guerra y el primer agente usado era cloro) aplicando oxigeno puro el paciente a tiempo podia quedar sin secuelas, comparandolas con las secuelas de la armas antes citadas. Cuando hablamos de armas…algo de cuidado hay que tener. Afectuosamente.

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