La curiosa historia del ‘Times New Roman’

En su apartamento con vista a los muelles de pesca de Portland, en el estado norteamericano de Maine, Mike Parker estaba dando los retoques finales a un tipo, afinando unas pocas obstinadas serifas y engrosando algunas rectas verticales. El tipo —hoy se dice fuente, por calco del anglicismo font, puesto de moda tras la invasión de Windows en la era tecnológica— era perfectamente reconocible, incluso para quienes no se interesan en diseño tipográfico. Parecía un Times New Roman, pero en la hoja de muestra de Parker llevaba un nombre diferente. «Yo lo llamo Starling, el nombre del hombre que la diseñó», dijo.

En su lanzamiento, en junio, el Starling fue presentado no exactamente como un nuevo tipo, sino como un desafío a la historia generalmente aceptada de uno de los tipos más usados del mundo. Y después de haber dedicado su vida a la tipografía, Parker está perfectamente al tanto de la controversia en la que está involucrado: la tipografía puede presentarse bajo una apariencia refinada, pero en realidad es una forma de arte marcada por acérrimas rivalidades y plagios descarados.

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Hay que admitir que la historia de Parker sobre el origen real del tipo Times New Roman se basa en cimientos un tanto endebles. El único elemento que respalda su versión es un molde de latón con una gran letra B mayúscula, que él sostiene en alto para mostrar la forma familiar de la letra, con sus características curvas y serifas. El punto es, dice, que esos moldes de latón representan una tecnología que no se usa desde 1915, y la creación del Times New Roman fue anunciada en 1932.

Parker, que tiene ochenta años, es uno de los principales especialistas en tipografía del mundo. Como director de desarrollo tipográfico en la entonces formidable empresa Mergenthaler Linotype, entre 1950 y 1970, tuvo enorme influencia sobre los tipos disponibles para el público estadounidense. Fue él quien decidió introducir la Helvetica en el acervo de la Linotype, creando un diseño que mantiene su vigencia aún hoy. Pero desde que fue invitado a comienzos de los años noventa a examinar algún material de archivo, Parker decidió dedicar su tiempo a resolver un inquietante misterio.

La invitación provino de Gerald Giampa, un excéntrico impresor canadiense quien, en 1987, adquirió lo que quedaba de la empresa Lanston Monotype. Giampa escudriñó los archivos de la compañía, y aseguraba haber rescatado documentos referentes a un tipo que era conocido apenas como Número 54, el mismo, asegura Parker, que hoy conocemos como Times New Roman. Y estos documentos, que estaban fechados en 1904, llevaban el nombre de un diseñador diferente: William Starling Burgess.

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William Starling Burgess

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«Gerald me envió algunos moldes y me preguntó: ‘¿No te resultan familiares?’, Le contesté, ‘sí, son Times New Roman’, y él me dijo ‘no, son mucho más antiguos’».

William Starling Burgess nació en 1878 en una familia acaudalada de Boston, y es recordado más bien como un consumado diseñador naval y aeronáutico, constructor de yates para las principales competiciones estadounidenses y aviones para los hermanos Wright. Pero Parker cree que antes de embarcarse en su carrera estelar en los cielos y en el agua, tuvo un breve pero rutilante devaneo con la tipografía.

Giampa asegura que, cuando empezó a investigar los archivos de Lanston Monotype, halló correspondencia entre la empresa y Burgess quien, en 1904, ordenó la fabricación de un tipo para ser usado en los documentos de su astillero de Marblehead, Massachusetts. Pero antes de que Lanston Monotype pudiera cumplir con el pedido —aseguraba Giampa— Burgess presenció uno de los primeros vuelos de los hermanos Wright, con lo que abandonó su interés por la tipografía y abrazó la naciente aviación. Sus dibujos originales fueron archivados por la compañía como Number 54, y quedaron durante décadas olvidados en un estante.

Parker dice que en 1921 Lanston Monotype trató infructuosamente de vender el tipo Number 54 a una nueva revista estadounidense llamada Time. Poco tiempo después, los dibujos de Burgess cayeron en manos de Stanley Morison, un asesor en tipografía de la Monotype Corporation de Gran Bretaña, por intermedio de Frank Hinman Pierpont, un norteamericano que dirigía la fábrica de esa empresa en Surrey, y que hizo carrera reviviendo tipos antiguos.

A comienzos del siglo XX, la tipografía avanzaba a pasos agigantados, pero los diarios no avanzaban al ritmo de los cambios. El diario londinense The Times usó un tipo grueso, con serifa, que resultaba pesado para el ojo y representaba un desperdicio de tinta y papel. Cuando Morison criticó al The Times por este tipo en 1929, el diario lo desafió a ofrecer algo mejor. En sus escritos, Morison dice haber buscado inspiración en una modificación de un tipo del siglo XVI llamado Plantin. El diario le entregó un bosquejo a uno de sus dibujantes,Victor Lardent, quien concluyó el diseño. Los dibujos de Morison-Lardent fueron aceptados y, el 3 de octubre de 1932, The Times fue a la imprenta estrenando su flamante tipo.

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Sin embargo, otras fuentes sugieren que el rediseño fue mucho más desafiante que lo que Morison admitió. Él buscó y rebuscó entre incontables tipos que no tuvieron éxito y hasta requirió la ayuda de diseñadores externos, incluyendo el eminente tipógrafo Harry Carter, quien bosquejó algunas propuestas. Algunos años después, el hijo de Carter, Matthew, él mismo un celebrado tipógrafo, halló aquellas hojas abandonadas de bosquejos en el cajón de calcetines de su padre. «Cuando le pregunté que había ocurrido con aquello, mi padre se limitó a reír y me contestó que Morison jamás le había respondido».

Parker cree saber por qué los dibujos de Carter fueron abandonados: a Morison le habían llegado por entonces los diseños del tipo Number 54 presumiblemente robados por Pierpoint. Parker no conoce razón exacta por la que llegaron a las manos de Pierpoint, pero tiene una teoría. «Morison no tenía límites», dice Parker, quien tiene numerosas anécdotas sobre sus numerosos encuentros, las cuales pintan un cuadro de un hombre malicioso y taimado. Morison nunca pretendió el crédito por el diseño del tipo, pero reivindica al menos haberlo «imaginado». Años después del lanzamiento de único tipo que se le atribuye, escribió: «Tiene el mérito de que no parece haber sido diseñado por nadie en particular».

Hasta hoy, Giampa y Parker son los únicos que reivindican haber visto la mayor parte de las pruebas que respaldan la autoría de Burgess pero desafortunadamente, nadie más tuvo la oportunidad de verificar sus afirmaciones. En 1918, un incendio destruyó el astillero de Burgess, incinerando documentos que podrían haber arrojado luz sobre sus actividades en 1904 cuando, según Parker sugiere, habrían sido confeccionados los dibujos originales del nuevo tipo. Del otro lado del océano, una bomba estalló en 1941 cerca de la sede en Londres de Monotype Corporation, destruyendo mucha información sobre las actividades de Morison en el rediseño del tipo para The Times.

Todo lo que quedaba eran los archivos de Lanston Monotype en posesión de Giampa, hasta que ellos también sufrieron un desastre. En enero de 2000, la casa de Giampa se inundó y se perdió un siglo entero de historia de la imprenta. «El grueso de los archivos terminó en un contenedor de escombros», dijo Giampa. Hay un segundo archivo de los dibujos de Lanston Monotype en el Smithsonian Institute en Washington, pero están fuera del alcance de los investigadores, porque el local se contaminó con amianto y plomo, y debió ser clausurado por tiempo indeterminado. Pero antes de que eso ocurriera, en 1996 Parker había visitado el Smithsonian en 1996 y copiado los dibujos del Number 54.

Mike ParkerEn tipografía, no hay peor insulto que una acusación de plagio. Cuando Parker presentó su teoría sobre los orígenes del Times New Roman, fue objeto de un coro de críticas. El autor británico Nicolas Barker, biógrafo de Morison, calificó la teoría como un «desorientado intento de cambiar la historia». «Es una creación de Mike Parker, quien lo hizo en parte como chiste, pero en parte para ayudar a su amigo Gerald Giampa,» afirma Barker. «Giampa era el potencial beneficiario pues si hubiera podido demostrar que el diseño era una copia de la versión británica, existía la posibilidad de establecer un derecho de patente de los diseños, al menos en Estados Unidos. Esa es la única razón lógica que logro imaginar por la cual ellos podrían querer producir una historia que no fuera un chiste infantil», expresó. Parker contestó que Barker era un «amigo de Monotype», que ha escrito varios libros y artículos sobre Morison.

Barker y otros dicen que Parker fracasó en su intento de producir alguna prueba concluyente de sus historia, afirman que se trata de una especulación divertida basada en documentos que nadie vio. Otro crítico es Jim Rimmer, un diseñador canadiense de tipos que vive en Vancouver, quien calificó a Giampa como un «mentiroso patológico». Rimmer dijo que había tratado a Giampa durante 35 años y lo calificó como un «bromista» que había inventado la historia de Burgess «como forma de hacerse importante».

En cambio, Matthew Carter, diseñador de los tipos Georgia y Verdana, se cuenta entre aquellos que creen que la historia de Parker es «muy verosímil». Recuerda claramente a Stanley Morison, un hombre al que cree capaz de llegar a eso. «Conocí a Morison y la compañía [British Monotype], que en su apogeo fueron la empresa más arrogante» del ramo, aseguró Carter. «Morison tenía un carácter muy complejo. Le gustaba hacer bromas; le interesaba el poder y le gustaba actuar entre bambalinas. Yo puedo creer que a él le hubiera gustado tomar parte en una estratagema como ésta, pese a que todavía no sabemos la verdad», declaró.

El propio The Times ha empezado a aceptar la posibilidad de una historia alternativa para su famoso tipo. El diario ya reconoció que el Times New Roman fue diseñado por Stanley Morison, Victor Lardent «y posiblemente Starling Burgess».

Poco antes de su muerte en junio, Giampa defendió su reputación. Detrás del mostrador de una casa de antigüedades situada sobre la costa de Vancouver, el pintoresco impresor canadiense aseguraba que él de ninguna manera había fabricado la historia de Burgess, y sostenía que ella se basaba en los documentos y en los moldes que había hallado en el archivo de la Lanston Monotype. Todos esos registros se perdieron en la inundación de la isla Prince Edward Island, dijo, excepto el molde que obra en poder de Mike Parker. Y es sobre este molde que reposa hoy toda la teoría Burgess.


Junto con el tipo Starling-Roman, Parker liberó una serie de las correspondientes bastardillas. Asegura que en 1904 Burgess diseñó cinco letras de bastardilla para acompañar el tipo Number 54, antes de abandonar la tipografía para dedicarse a la aviación. Parker tomó para sí la misión de terminar el trabajo y ha dedicado los últimos cinco años a dibujar cuidadosamente los elegantes tipos inclinados de una grácil bastardilla.

«La itálica de Morison no era muy buena», dice de la versión actual del Times New Roman, que considera una creación de Morison-Lardent. «No coincidía en nada con el tipo Roman; era una bastardilla Monotype», comenta. Ahora Parker está dedicado a rectificar este tipo dotándolo de la bastardilla que merece. Exceptuando los cinco caracteres inspiradores, se trata íntegramente de un trabajo propio de Parker y, cabe destacar, la principal creación tipográfica de su vida. Después de haber pasado décadas en el ramo, Parker se ha convertido en un creativo administrador y en un investigador, pero nunca fue un tipógrafo propiamente dicho.

Y ésa es, por supuesto, la fuerza real que está por detrás del entusiasmo de Parker por la historia de William Starling Burgess: con ella le fue dada por primera vez la oportunidad de crear su propio tipo.

 

[Muchas gracias a Ricardo Soca por su traducción de Joel Alas (F.T.) cedida por elcastellano.org]

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