Stephen Hawking, el legado tras el personaje

 

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Stephen Hawking era un hombre brillante y extraordinario, uno de los grandes físicos teóricos de su generación, muy querido por la gente, que demostró una inspiradora lucha vital para superar las dificultades que su gran discapacidad física le imponía desde que enfermara de esclerosis lateral amiotrófica. Excelente comunicador de incomparable fama internacional, consiguió atraer la curiosidad de millones de personas hacia ese ignoto campo de estudio que es la cosmología. Cercano en su escritura, ateo, irónico, entrañable, colocó su “Breve historia del tiempo” entre los clásicos de la divulgación científica. Conmovió su vida de lucha, atrapando la atención de gentes de ciencia y del pueblo llano, marcando la vocación de muchas personas en todo el mundo.

Pero sería injusto que, cegados por la carismática popularidad del personaje, no reparemos en su gran legado científico, ese que pasará a la Historia de la ciencia, su aportación al campo de estudio que tanta dedicación le ocupó.

Tras estudiar física en Oxford, publicó su tesis doctoral sobre el origen del universo en la Universidad de Cambridge en 1966, bajo el título “Properties of expanding universes” (afortunadamente, hoy es pública y puede consultarse y descargarse aquí). Por aquellos entonces, los científicos entendieron que el universo se estaba expandiendo, pero no sabían por qué ocurría tal fenómeno. Hawking propuso mejoras en la definición de lo que ahora conocemos como el Big Bang: en algún lugar, al comienzo, el universo empezó como un único punto del espacio-tiempo infinitamente pequeño, de enorme densidad. Hawking describió este punto como una “singularidad”. Desde este único punto, el universo estalló, expresando consigo todas las leyes del tiempo y la física que entendemos hoy en día. De alguna manera, para el joven Stephen sería el “comienzo” del universo. Tras su graduación en Cambridge, intentó describir matemáticamente ese punto de partida universal. Mediante la aplicación de un modelo complejo inspirado en la teoría de la relatividad general de Einstein, Hawking y su colega Roger Penrose, crearon el primero de varios teoremas de singularidad, que describen las condiciones cosmológicas requeridas para que exista una singularidad en el espacio-tiempo.

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Carta de Hawking a la Revista Nature, pidiendo la publicación de su importante artículo “Black Hole Explosions?”, en enero de 1974

Pero su contribución más potente, llegaría en el año 1974. Por aquellos entonces, Hawking investigaba en el Departamento de física teórica y matemática aplicada del Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge. Hasta el momento, los agujeros negros eran considerados cuerpos celestes misteriosos con una masa tan inmensa que su campo gravitatorio deformaría el espacio y el tiempo hasta el punto de no dejar escapar ni la luz. Todo lo que se acercara a ellos se precipitaría hacia su interior sin remedio, para no salir nunca más. La gigantesca gravedad de un agujero negro atraería todo y nada podría escapar. Pero al combinar la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad, Hawking mostró algo asombroso: que, bajo ciertas condiciones, teóricamente al menos, los agujeros negros en realidad podían crear y emitir partículas subatómicas, algún tipo de partículas que desafiaban lo que los físicos esperaban de la gravedad, logrando salir de los agujeros negros. Tales partículas emitidas se disolverían para terminar explotando en un estallido de energía intenso. En otras palabras: los agujeros negros no eran completamente negros después de todo. Hawking describió este fenómeno en su artículo académico más importante: “Black hole explosions?” (que puede consultarse aquí). A esta energía radiada por los agujeros negros, que dedujo con cálculos muy complejos, se le llamó más tarde Radiación de Hawking, en su honor.

El descubrimiento de la radiación de Hawking ha cambiado la forma en que los investigadores astrofísicos entienden el universo. Al intentar unir las leyes de la gravedad, la termodinámica, la mecánica cuántica y la relatividad, el estudio de la radiación del agujero negro también apunta a la existencia de la llamada “teoría del todo”: una teoría física unificada que describiría el comportamiento del universo. La radiación de Hawking es una pista, importante, para avanzar en la reconciliación de la mecánica cuántica y la gravedad, probablemente el mayor desafío al que se enfrenta la física teórica en la actualidad.

Así es como Stephen William Hawking, fallecido hoy 14 de marzo de 2018, postrado en una silla de ruedas desde los 22 años, debe recordarse: como un genio de la física del siglo XX, un hombre que ha inspirado películas, vendido millones de copias de sus libros, fascinado a incontables seguidores, pero, sobre todo, como alguien que ha contribuido de manera muy notable a nuestra comprensión de la realidad.

Y como el humor es signo de inteligencia, que sea él mismo quien cierre este breve artículo:

“Somos simplemente una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella mediocre. Pero podemos entender el Universo. Eso nos convierte en algo muy especial”.

Stephen W. Hawking (1942-2018)

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