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Nunca habíamos visto tantos cerdos en las portadas de los periódicos; puercos poblando los medios a lo ancho y largo del planeta. El sector porcino se ha visto perjudicado, a pesar de todo, contando con una muy bien organizada publicidad. La culpa es de la gripe del mismo nombre, que no necesita presentación. Salvo porque cambia de nombre con la misma facilidad con la que mutan sus agentes patógenos.
Hoy en día, como el nivel de alerta pasó a 5, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido que no debe llamarse al virus de cualquier modo. Ni gripe porcina ni Mexicana. Según publica en su página Web, un pequeño cuadro deja las cosas claras: “la gripe se llama A (H1N1)”. Supongo que H1N1 es el apellido.
Tomamos nota. El pobre cerdo, del que todo se aprovecha, paga los platos rotos de una suposición improbada. Menudo chiste, incluso si la comida no supone ningún riesgo, para los propietarios de los guarros animales, que ven desangrada su economía al comienzo de la probable pandemia. Varios países han detenido las importaciones de cerdos de América. Y a la gripe, ni le van ni le vienen los cerdos.
Los egipcios, en su mayoría musulmanes, han dejado sin respiro a nuestros mamíferos preciados. El gobierno de Egipto ha decretado que todos los rebaños de cerdos deberían ser sacrificados lo antes posible. 350 000 cerdos van a padecer la ira del Altísimo. Los pocos ganaderos (cristianos) que se atreven a vender cerdos allí probablemente habrían deseado que la OMS inventase antes el nombre H1N1; aunque nadie sepa que quiere decir, aleja la maldad de algo tangible (y sabroso).
Para algunos vecinos israelíes, el debate es además semántico. El animal, prohibido y proscrito, pasó a formar parte del nombre de la enfermedad. El Ministerio de Sanidad israelí, con Litzman en cabeza, ha pedido a los periodistas y expertos que hagan referencia a la enfermedad como “gripe mexicana” y no como “gripe porcina”, como se designaba en el resto del mundo. Yakov Litzman, presidente del partido Judaísmo Unido de la Torá, es judío ultra-ortodoxo, por lo que considera impura y no apta para el consumo la carne de cerdo. Mientras el diario Ha’aretz ve en esta historia “un síntoma de la enfermedad de la política en Israel”, los ciudadanos temen más por las toses que por los puercos y sus conflictos con el kosher (del hebreo כַּשְׁרוּת).
Gripe porcina suena inapropiado en Israel. Gripe Mexicana es un agravio para el país que nada de culpa tiene en que las cepas hayan crecido allí. En fin, visto lo visto, parece que lo mejor será ponerle un nombre neutro, límpido, desinfecto, que a nadie hiera ni ofenda; un nombre de enfermedad, que suene a tos o a flema –y no a animal impuro ni a hispanoamericano contagiado- como “A”. Y si les da asco, prueben con H1N1. Pero nómbrenlo con mascarilla. Por si acaso.
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